De sable, Granaderos e identidad
Escribe: Jesús Chirino - Nota N° 877
En un nuevo capítulo de la disputa por el sentido de la gesta sanmartiniana y la identidad de nuestro pueblo, el sable corvo del General José de San Martín fue sacado del Museo Histórico Nacional y entregado al cuerpo de granaderos recreado por Julio Argentino Roca junto a su ministro de Guerra, Pablo Riccheri, el 25 de mayo de 1903, en honor al que creara el gran Libertador en marzo de 1812 y que, Bernardino Rivadavia, disolviera en 1826.
La figura de José de San Martín tiene un reconocimiento unánime en la sociedad argentina, pero no todos los sectores celebran el mismo prócer. Hay quienes prefieren recordar algunos aspectos de su vida, olvidando otros.
El sable persa
En marzo de 1812, José de San Martín, luego de casi 30 años, regresó a América. En esos días la Gazeta de Buenos Aires publicó un artículo diciendo que “9 del corriente ha llegado a este puerto la fragata inglesa Jorge (sic.) Caning procedentes de Londres en 50 días de navegación… A este puerto han llegado, entre otros particulares que conducía la fragata inglesa, el teniente coronel de caballería Don José San Martín primer ayudante de campo del general en jefe del Ejército de la Isla Marqués de Compigny…”. El hombre con rasgos de pueblos originarios volvió con el grado teniente coronel de Caballería y con una amplia experiencia militar. Había combatido en cinco campañas y participado en 17 acciones de guerra del ejército español, siempre destacándose por su valor e inteligencia. Con él llegaron otros oficiales. Entre sus pertenencias trajo el sable morisco de hoja alfanjada que había comprado en su estancia en Londres.
En 1966, en el Laboratorio de Metalografía de la Comisión Nacional de Energía Atómica se realizó un análisis del sable, que determinó que la pieza es un shamsir de acero Damasco confeccionado en Oriente Medio mediante una técnica preindustrial constituyente. Se descartó que el mismo fuera fabricado en Inglaterra, como se había creído antes, estableciéndose que es un auténtico sable persa fabricado mediante forjado “damasquino”.
Primeras acciones de los granaderos
El sable corvo del General tiene un valor simbólico dado que el mismo lo acompañó durante toda la campaña libertadora. A pocos de regresar al país San Martín creó el Regimiento de Granaderos a Caballo con armas similares por considerarlos ideales para la carga de caballería. Para la conformación de esta formación militar primero reclutó a jóvenes de la elite porteña, pero luego sumó a hombres del pueblo que se destacaban por su destreza.
Para el armado del cuerpo militar, el 27 de marzo el gobierno ordenó a Córdoba, La Rioja y San Luis que enviasen 100 hombres cada una, de estatura regular y con caballo. Los primeros que se integraron fueron una docena de soldados, cabos y sargentos de los Dragones de la Patria, a los que se sumaron 14 soldados pertenecientes al Regimiento 1 Patricios, que se habían sublevado en el llamado Motín de las Trenzas, unos meses antes. Desde nuestra provincia de Córdoba, el teniente José Ruiz, llevó 80 candidatos de los cuales San Martín solo dejó de lado a tres de ellos.
El 3 de febrero de 1813 el regimiento tuvo su bautismo de fuego en el Combate de San Lorenzo, triunfando sobre las tropas realistas. Antes había participado en su primera acción militar, junto a batallones cívicos dirigidos por Francisco Ortiz de Ocampo, el 8 de octubre de 1812, provocando el derrocamiento del Primer Triunvirato y exigiendo un Cabildo Abierto. Este acto revolucionario permitió sacar del poder a ese triunvirato, dirigido por el vocal Bernardino Rivadavia, que había postergado la lucha independentista y la redacción de una constitución. Así asumió el segundo triunvirato afín a las posiciones de aquellos sectores que veían la urgente necesidad de organizarse y luchar por la independencia.
Después de haber coadyuvado a la independencia de tres naciones americanas, los Granaderos tuvieron su último combate el 9 de diciembre de 1824. En el año 1826 los últimos granaderos regresaron a Buenos Aires, solo siete de ellos estuvieron desde la fundación del cuerpo. Siendo Bernardino Rivadavia presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, dispuso que se disolviera el Regimiento de Granaderos creado por San Martín quien por entonces estaba en el exilio. El desarme del regimiento, por parte de Rivadavia, no puede ser leído sin tener en cuenta la rivalidad que este mantuvo con el libertador.
Años después, en 1903, el presidente Julio Argentino Roca dispuso la recreación del Regimiento Granaderos a Caballo, lo que era una forma de filiación de la elite política del momento con una institución militar muy reconocida por la sociedad y cuyas raíces se remontan a la campaña libertadora.
No fuimos liberados por ricos o empresarios
San Martín, luego de comandar el Ejército del Norte, se dirigió a Cuyo y allí comenzó a organizar el gran ejército para la campaña libertadora sudamericana. Siendo gobernador e intendente de Cuyo tomó muchas medidas políticas propias de un hombre que entendía al pueblo. También en lo militar adoptó una posición diferenciada a la mantenida por otros hombres de armas de la misma época. Así el General adhirió a la noción de ejército como “pueblo en armas” cuestión que le permitió integrar a su estrategia tanto la guerrilla de Güemes, la de Manuel Padilla y de Juana Azurduy o la de José Miguel Lanza.
Con relación a los recuerdos para el Ejército, es interesante lo que escribió San Martín en la proclama al Ejército de Los Andes: “Compañeros del Ejército de los Andes: ya no queda duda de que una fuerte expedición española viene a atacarnos; sin duda alguna los gallegos creen que estamos cansados de pelear y que nuestros sables y bayonetas ya no cortan ni ensartan; vamos a desengañarlos. La guerra se la tenemos que hacer del modo que podamos. Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos han de faltar; cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con las bayetitas que nos trabajan nuestras mujeres y si no, andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios. Seamos libres y lo demás no importa nada. La muerte es mejor que ser esclavos de los maturrangos. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje”.
San Martín usa el término “compañeros” y valora a los pueblos originarios llamándolos “nuestros paisanos”. Vemos un militar profesional que, en consonancia con el concepto de ejército como “pueblo en armas” llama a sus subordinados “compañeros” y entiende a los pueblos originarios como compañeros de lucha contra el dominio de la potencia extranjera.
El libertador también escribió: “Los ricos y los terratenientes se niegan a luchar. No quieren mandar a sus hijos a la batalla. Me dicen que enviarán a tres sirvientes por cada hijo, solo para no tener que pagar las multas. Que a ellos no les importa seguir siendo una colonia. Sus hijos quedan en sus casas, gordos y cómodos… Un día se sabrá que nuestra Patria fue liberada por los pobres, y los hijos de los pobres, nuestros indios y los negros, que ya no volverán a ser esclavos de nadie”.
Lucha por el sable
Luego de su retiro de la vida pública el General conservó el sable corvo que había usado en todas las batallas por la libertad. Cuando partió para el exilio quedó en manos de una familia amiga, luego hizo que se lo llevaran y el 23 de enero de 1844 redactó su testamento definitivo. En una de las cláusulas de ese documento dejó escrita su voluntad de que el sable fuera entregado al general Juan Manuel de Rosas. Luego de la muerte de San Martín en 1850, el sable llegó a manos de Rosas quien luego de su derrota en Caseros, en 1852, lo llevó consigo a su exilio europeo. Después de su muerte quedó en manos de la familia Terrero. En 1896, el primer director del Museo Histórico Nacional, creado en 1889, solicitó su donación para incorporarlo al patrimonio histórico de la Nación. La familia Terrero Rosas aceptó entregarlo con ese fin.
El sable estuvo en el Museo y luego de ser sustraído, en 1963 y 1965, por militantes peronistas y rescatado, sin actos represivos de por medio, en 1967 la dictadura decidió trasladarlo al Regimiento de Granaderos. Allí estuvo hasta que en 2015 fue devuelto al Museo, destino que le habían dado sus poseedores cuando lo donaron al Estado.
Este año, el gobierno nacional dispuso que el sable fuera entregado al cuerpo de granaderos. Recordemos que antes, el propio presidente fue declarado “Granadero Honorífico”. Pareciera que todo esto no solo se trata de actos que pretenden sumar ruido comunicacional en medio para distraer de otros temas, más bien encuadran en una manera de hacer política, mandar mensajes a una parte del electorado y dar pelea en el campo simbólico.
Aprovechando las discusiones que han despertado estos actos, quizás sea conveniente repasar las posiciones que tuvo en su vida el General José de San Martín. Desde allí podemos ver qué pensaba acerca de los grupos excluidos, de los distintos. ¿Acaso lo imaginamos diciendo que él era superior a los otros? ¿Discriminando a los débiles? ¿Dándole un sentido muy restringido a la libertad? ¿O apoyando a quienes no defienden la soberanía de nuestra Patria?
