Nota Nº 878 - Presenta: Jesús Chirino - Importante rescate del historiador Sergio Castro

Rosario Calderón Estigarriba, una mujer que hizo punta

domingo, 1 de marzo de 2026 · 08:30

Escribe: Sergio Castro 

 

El reconocido cantautor y profesor de historia Sergio Castro continúa con su esmerado trabajo para reconstruir la historia del mundo del turf en Villa María y la región. En esta ardua y prolija tarea que viene realizando, recorre fondos documentales y entrevistas a testigos directos de los diferentes acontecimientos que pretende historiar. Hoy nos presenta el rescate de la actividad de quien fue la primera jocketa de Villa María. Para ello, dialogó con quienes la conocieron y aportaron datos acerca de esta mujer, que ejerció un importante rol en una actividad muy masculinizada, en la cual no era sencilla la participación de la mujer. Pero mejor que lo cuente Castro con sus propias palabras.

 

Rosarito, primera jocketa de Villa María

El excronista de turf (el primero en la ciudad) Paulino Quintana nos relata algunos aspectos de una historia que se fue contando de boca en boca, muchos detalles se perdieron en el tiempo. Con el ánimo de acercar certezas, podemos decir que Rosario Calderón Estigarriba, siendo muy joven, llegó a Villa María a mediados de los años 70. Correntina, fue rebautizada “Rosarito”, y tan solo con ese nombre ya era identificada, no solo en Villa María, sino también en todos los hipódromos de la provincia.  Su profesión: jocketa.

Eran los años 70, cuando, en Buenos Aires, la jocketa Marina Lezcano abría posibilidades para que la mujer se incorporara al mundo masculino de los jockeys. La dificultad para la integración de la mujer no era exclusividad del turf, se daba en cualquier ámbito. Allá por los 60 y 70, el mundo era masculino –machirulo, al término actual–, por lo tanto, para una mujer todo era más difícil, incluso imposible para muchas, si no tenían las “agallas” necesarias para “rebelarse” a su época, en el arte, en la música, en los trabajos en general.

Rosarito fue una de esas “rebeldes” que se animó a subir ese escalón y desafiar, montada en un caballo de carrera, el duro oficio de ganarse el pan y desarrollar una profesión.

Paulino también nos dijo: “Yo la recuerdo como la primera y también la última que pisó la pista del hipódromo local…”.

 

Ovacionada

Rosarito llegó a Villa María con su madre, que la acompañaba permanentemente en los entrenamientos y durante los domingos de carreras. Donde ella fuera, su madre estaba siempre ahí.

Vivía en un sector de una casa del señor Tennedini, en la calle Catamarca, a unas pocas cuadras del bulevar Cárcano. Era “una piecita pequeña que habían alquilado o el dueño les prestaba, ya que Tennedini también estaba ligado a los caballos de carreras, como propietario”.

Nos cuenta Paulino que no recuerda el año exacto, pero nos comenta que “tenía con ellas una buena relación..., incluso las visité varias veces para hacerle alguna nota”.

“Un año se hizo en el Anfiteatro una pelea de Gustavo Ballas, cerca de fin de año... Y el diario Noticias entregó esa noche premios a los destacados deportistas del año. Uno fue para ella, yo se lo entregué… Todavía recuerdo la ovación que recibió en el momento de la entrega… Y no era, justamente, toda gente de turf la que estaba esa noche… Era, mayoritariamente, público en general y mucha gente del box, fanáticos de Ballas”, recuerda.

 

Una adolescente de carácter 

El excronista manifiesta que ella “le corría mucho al cuidador Albornoz y también le vareaba los caballos al cuidador Tavecchio, incluso le corrió algunos… En esos años, cualquier jockey intentaba correr los caballos de Paco Tavecchio. También Albornoz era un buen cuidador y tenía en esos años un crack muy bueno que se llamaba Extol, propiedad de Bettiol y Tennedini en sociedad”.

La historia, casi leyenda, de Rosarito en Villa María se fue transmitiendo de boca en boca, y de sus contemporáneos algunos han desaparecido y son muy pocos los que viven.

Osvaldo Bettiol, dueño del caballo Extol nos cuenta: “… Rosarito fue la jocketa que más nos corrió a nosotros. Con Tennedini teníamos a Extol y ganó varias carreras… Era una buena jocketa, firme y con carácter, a pesar de su corta edad. Porque no más de 16 o 17 años, era muy chica”.

 

Esa Buenos Aires que no siempre resulta bien

Bettiol continúa: “En el año 80, la llevamos a correr a Buenos Aires el clásico Provincias Unidas; justamente, con Extol… El cuidador era Albornoz... Llegados a Buenos Aires, algo pasó... En este mundo de las carreras, como suele ser a veces, algunas desavenencias que uno no sabe resolver en el momento... Casi que terminamos sin correr la carrera, pero, al final nos quedamos y el caballo corrió con la monta de ella...”.

Aún recuerda que les “...fue mal, el caballo no respondió, la situación terminó conflictiva, lo que hizo que nosotros nos volviéramos sin ellas, ya que Rosario siempre estaba con la madre. Ellas se quedaron en Palermo, no volvieron con nosotros a Villa María…”. El relato continúa señalando que “pasados unos meses nos enteramos de su accidente… Lamentable, muy triste para nosotros, que éramos quienes la habíamos llevado. En fin, ella se quedó a probar suerte y terminó allí su carrera… Con ese tremendo accidente que tuvo”.

 

El accidente que terminó la carrera de Rosarito

Las versiones fueron muchas… Hay un par de testigos, cuidadores que son de Buenos Aires, quienes cuentan que al día del accidente estaba ahí: “Fue en un vareo de entresemana, con un cuidador ya fallecido, pero que tendría que haber sido encarcelado, ya que ningún jockey quería varearle un caballo tremendamente jodido que tenía. Y ella, jovencita, con necesidad de trabajo, aceptó varearlo…”. La narración acerca del accidente sigue y aporta detalles al señalar que cuando habían recorrido unos mil metros “en la pista auxiliar de Palermo, el caballo se desbocó y se descontroló, llevándola a ella arrastrando y pegando contra las empalizadas… Quedó tendida, totalmente inconsciente. Los golpes que recibió fueron tremendos. No perdió la vida, pero quedó paralizada en silla de ruedas, un desastre...”.

 

Sin muchos datos certeros

A partir de ese momento, 1980, el destino y el final de la vida de Rosarito no tienen datos documentados, solo son versiones... Algunos dicen que una vez “recuperada”, como pudieron, ella y su madre volvieron y se instalaron en Villa Nueva… Habrían venido con una pensión “graciable” conseguida en Buenos Aires, pero no hay datos acerca de dónde se instalaron, en qué barrio, etcétera. Luego, desde Villa Nueva, se habrían trasladado a Alta Gracia, allí muere su madre y Rosario habría puesto un kiosco  como medio de vida.

El jockey Ortiz comenta que alrededor de los años 90 la vio en el viejo stud de Bracco, en los laterales del Hipódromo: “La vi en silla de ruedas…”.

Hay algunos testimonios pasados de boca en boca, que su vida se apagó en el Hospital Psiquiátrico de Oliva, sin precisión de fecha.

El mito, la historia, la leyenda, envuelven a estas dos mujeres venidas a Villa María desde Corrientes. Una madre y su niña “rebelde”, la primera y la ¿última? jocketa que se animó a un caballo de carreras en Villa María, para asombro particular de la afición burrera de aquellos años que, según dicen, también atraía a público ajeno al turf, que asistía al Hipódromo solo para verla correr.

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