Ya no ganan los buenos

miércoles, 11 de marzo de 2026 · 08:47

Ahora nos pasa a nosotros, los que nos criamos en los 90, el hecho de volvernos nostálgicos y decir que todo tiempo pasado fue mejor.

Pero no hablamos de cine, ni de música, ni siquiera de arte…, o tal vez sí.

En otros tiempos los videojuegos premiaban a los habilidosos. Premiaba con “terminarlo” y derrotar al monstruo final o ganarle al equipo más difícil, a aquel jugador (o player) que haya pasado pretéritamente varias horas luchando contra el juego; aprendiendo artilugios, trucos ocultos, invirtiendo horas y horas sentado frente a la televisor -inclusive peleando por sus padres por la vieja historia de “vas a romper la tele con eso”.

Hoy, ese mucho que habitamos muchos, ya no existe.

El mundo “gamer” se ha transformado en una industria que vende, vende y vende.

Antes con un cartucho, cassette o como se quiera llamar, un joven sabía y conocía los parámetros de alcance y su mayor logro era poder finalizarlo.

Hoy, tomando como ejemplo PlayStation, para jugar hay que pagar una membresía. Y hay que sostenerla con el paso de los meses a un valor dolarizado.

Si hablamos de fútbol (FIFA 26, el más reciente), el dinero habilita poder ser un buen jugador en cuestión de minutos. Es que aquel que tiene dinero puede acceder a mejores jugadores, por ende, los equipos que pululan en los juegos en línea son formaciones armadas con dinero más que con dificultad.

En el medio de todo esto también existe el riesgo de la ludopatía intrínseca y el constante estímulo/respuesta que Pavlov, en su momento, ensayó con un perro.

Un jugador paga un “sobre misterioso” de equis valor sobre, en el mismo habrá un jugador que puede ser bueno o malo, dependiendo del azar (o de las ganas del juego de ser generoso). Invirtiendo y gastando, generando “recompensas” falsas porque se trata de una pre-compra, el hecho de desbloquear personajes, ponerles nuevas vestimentas, actualizarlo y competir ha vuelto todo un show triste, donde los de la vieja escuela quedaron como aquellos tontos que para jugar tenían que pasarse horas y horas renegando frente a una pantalla analógica.

Daniel Rodríguez

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