Semblanza por un símbolo de cada institución educativa
Guardapolvo, un invento nuestro
Todo quedó definido con la Ley 1.420 de Educación Común, Gratuita, Obligatoria y Laica, promulgada en 1884 durante la Presidencia de Julio Argentino Roca, siendo el motor principal de su impulso y diseño Domingo Faustino Sarmiento, por entonces director general del Consejo Nacional de Educación.
Esta ley marcó un hito al establecer la educación como un derecho, garantizando la igualdad de acceso para niños y niñas en el sistema escolar nacional, y gracias a ella fuimos pioneros en Latinoamérica de un sistema integrador y formativo para todos los ciudadanos, que además permitió el ascenso social.
Fue construir un modelo de ciudadano, y su arquitecto se llamó Domingo Faustino Sarmiento, quien creó innumerables establecimientos en todo el país, formó maestros, dio oportunidades a las mujeres para trabajar y aumentó considerablemente la escolarización, luego de observar, gracias al primer censo que ejecutó, la enormidad de analfabetos que tenía el país.
Por eso, indicó que a la misma hora, en todo el país, en cada establecimiento educativo, los alumnos en formación entonaban el Himno Nacional e izaban la bandera a fin de unificar la identidad nacional.
Pero faltaba algo: el guardapolvo blanco. Hoy ícono de la educación pública argentina, instituido obligatoriamente en 1942 para desterrar las diferencias entre compañeritos y fomentar la higiene.
No fue impulsado por Sarmiento ya fallecido, sino por la docente Matilde Filgueiras de Díaz, en 1915, inspirándose en los delantales médicos. La primera aprobación oficial se concretó el 1 de noviembre de 1919, durante la primera Presidencia de Hipólito Yrigoyen.
Un poco de historia
La palabra guardapolvo significa “protección de tela, tablas u otra materia que se pone encima de algo para preservarlo del polvo u otro tipo de suciedad”.
Los primeros registros de la idea de igualar desde la vestimenta a los alumnos se encuentran a partir de 1904, con el docente Pablo Pizzurno. Él manifestó su desacuerdo en las lujosas vestimentas que lucían algunos estudiantes. Otra docente que llevó su delantal blanco a las aulas fue Julia Caballero Ortega en 1905, maestra de manualidades, y así le sugirió a sus alumnas que lo utilizaran. También promovieron el uso, Antonio Banchero y Pedro Torres.
Pero es Matilde Filgueiras, en 1915, maestra de la escuela Pizarro, quien les explica a los padres que la ropa ponía de manifiesto la condición social y generaba divisiones, y por ello propuso el uso de una prenda común a todos. Pero no logra uniformar criterios: padres que no estaban de acuerdo y otros que debatían sobre el color. Empeñada en llevar adelante su idea, la maestra compró varios metros de género blanco que pagó de su bolsillo. Los cortó y distribuyó entre el alumnado. A las madres les explicó cómo debía ser el modelo de guardapolvo.
El debate trascendió la escuela Pizarro e inclusive el ámbito escolar. La difusión del guardapolvo blanco como prenda higiénica encontró fundamento en el discurso médico y la “guerra contra los microbios” característicos de la concepción pedagógica de esa época.
¡Después llegarán las imposiciones por ley, pero estas personas fueron las pioneras!
Sarmiento entendió que el avance de una Nación dependía directamente del nivel educativo de su población. La frase “donde hay una escuela, hay esperanza” es un resumen de su pensamiento educativo y social. Para Sarmiento, las escuelas eran más que simples instituciones educativas, eran espacios donde se sembraban las semillas del conocimiento, el civismo y el progreso. No fue el impulsor del “delantal blanco”, de las “palomitas blancas”, pero sin duda que dejo semillas para que se impusiera.
Con información de: Billiken - Daniel Balmaceda - Lucía Jauzat – y Ministerio de Educación Nacional.
