Homenaje a Leonardo Favio en el Centro Cultural Comunitario
El hombre sensible que todo lo transformaba en cultura popular
Una noche de emociones en el Centro Cultural Comunitario, narrada en primera persona para elDiario por uno de sus principales protagonistasEscribe: Héctor Sánchez*
La noche del jueves 28 de mayo Leonardo Favio volvió a Villa María. Volvió de la mano de esas voces que –en el salón del Parlamento de las Infancias– recordaron que, en su apogeo de cantante que elevó la balada romántica de fines de los 60 a un punto distintivo, habían disfrutado de sus composiciones y su fuerte personalidad artística sobre un escenario.
En el Centro Cultural que lleva su nombre, y donde “Las Leonardas” (un clásico de esta ciudad) se dieron cita desde temprano con sus pañuelos cubriendo las cabezas al estilo Favio, pude cumplir con el puntapié inicial del merecido homenaje a un engranaje esencial de la cultura nacional el día en que el laureado cineasta y cantante mendocino hubiese cumplido 88 años.
Así arrancaba la presentación de mi libro “Cada piba que pase con un libro en la mano”, que es la historia de “Fuiste mía un verano”, una canción que entre 1968 y 1969 fue éxito masivo y récord para un disco Long Play (sí, los de vinilo) que dejó bien alta la vara con su casi millón y medio de ejemplares vendidos para el sello discográfico CBS, en los 90, comprado por la empresa Sony.
Esas voces presentes en la sala le ponían sentimiento a un homenaje que se repite aquí y allá, en la gran cantidad de espacios culturales que en todo el país llevan el nombre del director de “Juan Moreira”.
En la mesa tuve el enorme honor de reencontrarme “en acción” con Sergio Vaudagnotto, colega con quien compartimos en una redacción periodística a comienzos de los 80 un oficio que los años transformaron en amistad. Y del otro lado, otro Sergio Stocchero y sus conocimientos acabados del arte cinematográfico que, tras describir con sencillez la enorme carrera de Favio en esas lides, remató con una definición precisa y de alto vuelo: “Fue nuestro Federico Fellini”.
Y así llegábamos a la canción: el momento clave del cruce casual de Favio con el productor musical Vico Berti, y el nacimiento de una sociedad fructífera plena de reconocimiento del cantante hacia quien lo convenció de subirse a un escenario y empezar a mostrar sus composiciones y su voz. Fue un rayo de dos veranos y sus sendos carnavales, en épocas de nutridos bailes en clubes, sociedades de fomento y cines-teatro de decenas de ciudades y provincias.
Las palabras nos llevaron por los caminos que los presentes no olvidaron: un hombre sencillo y generoso que supo compartir esos momentos de gloria con sus músicos (a quienes les pagaba el triple de lo que marcaba el nomenclador de su sindicato) y con su público, al que siempre respetó y trató con cariño y seriedad.
Se adivinaba la emoción en los ojos de Las Leonardas y en la de curtidos hombres de cabellos blancos que paladeaban el sabor agradable que tienen los reconocimientos para con quienes nos legaron momentos de felicidad como oyentes, como lectores y como espectadores, que, en definitiva, no hicieron y hacen otra cosa que regalarnos esenciales momentos de belleza para el alma. Momentos que son canciones como las que interpretó Magalí Supertino para hacer cantar a los presentes. Y Leonardo Favio volvía así a Villa María, de la mano de la memoria popular que siempre plantará bandera.
Había emoción en quienes se acercaban, ellos también, con un libro en la mano: el que publicó la editorial Mil Campanas para su colección “Historia Social de la Canción”, que ya lleva publicados ocho títulos de canciones emblemáticas, y que me permitió contar esta historia de una letra y una melodía inoxidable, que hace replicar su “otra vez será” en cuanto lugar se la reproduzca.
Pero como la fiesta tenía que ser completa, en el auditorio principal pudimos ver, una vez más, ese portento de cine, esa obra que siempre asombrará y colmará los sentidos, “Aniceto”, versión ballet, con imágenes y música que nos dicen que nos es cierto que esa fue su última película. Porque Leonardo Favio –como Troilo– siempre está llegando.
*Periodista y escritor (fundador de Página/12, editor de Agencia Télam...)
