Viajes “Poscuarentena” / Córdoba / Cuesta Blanca

Naturaleza en flor y un tesoro escondido

La bella localidad del Valle de Punilla tiene un lazo muy especial con cerros, ríos y vegetación. Visita a la Playa de los Hippies, uno de los rincones más notables de Córdoba
domingo, 26 de abril de 2020 · 09:00

Escribe: Pepo Garay
Especial para El Diario

Algo del aura hippie habita en la belleza de Cuesta Blanca. Por ahí pululan (sobre todo cuando el clima acompaña) los adalides de la bohemia. Aterrizaron en los 60 y los 70, y desde entonces han rejuvenecido el lugar: el placer por la paz, el cuidado de la naturaleza, el afán por la armonía.

Ese modo de sentir y vivir brilla en la conocida como Playa de los Hippies, uno de los sitios naturales más hermosos de Córdoba, ubicado a unos tres kilómetros del corazón del pueblo.

Para llegar allí, el andariego debe ir primero a El Diquecito, una represa que descansa entre quebradas, al son de enormes rocas. Desde ese punto, existen dos opciones: una es tomar una canoa-taxi (accesible durante el verano y los fines de semana de buen clima). La otra, más recomendable, es atravesar un cerrito a través de una senda amigable y tras 10 o 15 minutos de marcha, encontrarse de frente con los dominios apuntados.

El espacio es un sueño. Playa compuesta de praderas prístinas que se extienden sin complejos, acompañadas de árboles y bañadas de costas de arena. Son las cinturas del río San Antonio. Las montañas vigilan el área. Rincón al que acceden pocos, los realmente deseosos de algo distinto.

En el manantial de césped y correntada hay un camping gratuito y sin servicios, óptimo para desconectarse del mundo moderno. Un poco más alejadas surgen las famosas Tres Cascadas.

 

Puente con postales

A partir de El Diquecito, el río baja fuerte y después parsimonioso, en el marco que le dan las viviendas de veraneo, los verdes cerros y el ensamble con el arroyo San Pablo. Así de bonita es la acuarela, enlazada con el núcleo de Cuesta Blanca.

La comuna, con sus 700 habitantes (bastantes menos en invierno, seguramente), ofrece un puñado de emprendimientos comerciales (almacén, algún restaurante y hotel) y un puente que permite observar a dos bandas el río y el cañón que su surco talló entre las laderas, sus bancos de arena, piedras y ollas incluidos.

Luego, vale la pena contemplar y aprovechar el respeto y el amor de los vecinos por el ecosistema autóctono, materializados en un sendero interpretativo que lleva al viajero a conocer la fauna (cantidad de aves, sobre todo) y flora local (se calcula que hay unas 180 especies diferentes en la zona). El circuito señalizado convida con unas dos horas de caminata.

Si todavía queda energía en el tanque, recomendable resulta tomar rumbo noreste y, abrazados a un camino de ripio (alternativo a la ruta que lleva a Villa Carlos Paz), buscar la vecina Icho Cruz. Será otra hora de caminata, con los cerros y la madre tierra de cofrades.


Cómo llegar

Desde Villa María son aproximadamente 200 kilómetros de camino para llegar a Cuesta Blanca. Primero hay que cruzar Villa Carlos Paz, y tras gambetear el ajetreo de la cabecera del Valle de Punilla, tomar la ruta provincial 14 y recorrer unos 15 kilómetros en dirección oeste. 

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