Fútbol / Recuerdo

El Gaucho Beltramo, aquel delantero del gol inolvidable

Se cansó de hacer goles, pero todos recuerdan uno particularmente, el que le convirtió a Belgrano. Jamás jugó en inferiores y debutó directamente en Primera
jueves, 2 de julio de 2020 · 10:28

Escribe: Gustavo Ferradans

Jugó en Alumni durante casi siete temporadas y dejó una huella en la memoria. Para todos fue el Gaucho, el que jugaba pegado a la línea y que a fuerza de goles se quedó en el corazón del hincha fortinero.

René Osvaldo Beltramo, como dice su documento, nació en Pozo del Molle el día de Navidad de 1957 y tiene dos hijos: Jorgelina, de 31 (vive en La Playosa) y Agustín, de 24, y hoy trabaja en el Sanatorio de La Cañada.

El Gaucho (apodo que recibió de chico y “no recuerdo quién y por qué me lo puso”), se crió jugando a las bochas en el Club Argentino Sport y al fútbol en el campito y en los torneos nocturno de verano. Curiosamente nunca jugó “oficialmente” en divisiones inferiores, pero desplegaba su picardía y habilidad en distintos torneos infantiles.

Llegó a Alumni en el año 1980 y cuando el club se marchó a la Asociación Cordobesa fue una de las figuras del equipo, a tal punto que por más que los “once titulares” parecían salir muchas veces de memoria, pocas veces tenía la misma formación, cambiaban nombres y posiciones, pero solo unos pocos conservaban la titularidad, y la “7” era siempre para el Gaucho.

Fue de los clásicos wines de esos años, fue goleador y además asistió a sus compañeros en innumerables partidos. Entre 1984 (torneo que terminó en enero del 85) fue uno de los goleadores del año junto a Corró. Al torneo siguiente jugó 46 partidos y anotó 20 y fue goleador absoluto. Sus goles fueron uno más espectacular que otro, pero uno de ellos quedó grabado en la memoria de los cerca de 10 mil hinchas que una noche  de verano estuvieron en Plaza Ocampo. Fue el 22 de enero de 1985, en el triunfo de Alumni contra Belgrano por 2 a 1 que le quitó un invicto de 38 partidos. El golazo que se mantuvo inmortal gracias a YouTube y a un casete VHS que alguien se preocupó en guardar, quedó marcado de tal manera que entre las conquistas más espectaculares (de todos los tiempos) en ese estadio quedó entre los mejores, por el contexto, por lo que significó y por la cantidad de testigos que lo confirman.

El dato curioso, en esta historia que le contó René Beltramo a El Diario, es que nunca jugó en inferiores, debutó directamente en Primera, y siempre fue titular, salvo en dos partidos en Talleres de Córdoba, y que también jugó a las bochas, donde fue campeón Provincial y Argentino.

-¿De chico jugabas al fútbol?

-En Pozo del Molle vivía a dos cuadras del Club Argentino Sport, donde se jugaba bochas, tenis y básquet, iba todos los días. Jugaba a las bochas, como mi papá, era buen jugador. Fui campeón Provincial y luego Argentino siendo juvenil. Mi compañero de equipo era Jorge “Cuquín” Molar, que jugaba al fútbol en Sportivo Playosa y luego en Unión San Vicente. Al fútbol jugaba en el campito de Barracas. Era un terreno que tenía un desnivel, con un arco más alto que el otro, cortamos los palos de la misma medida, pero en la parte baja, el arco era más alto. Jugaba todo el día, hasta la noche, en verano desde las 2 de la tarde hasta las 10 de la noche. Nunca jugué en inferiores, ni en reserva; desde los 12 me gustaba pescar y cazar. La temporada empezaba el 1 de mayo y duraba tres meses, prefería ir a cazar, soy un apasionado y buen tirador.

-¿Y con el fútbol infantil?

-En Argentino jugaba una especie de fútbol 5, teníamos un equipo que se llamaba Farmacia Pasteur, éramos dos años menores que todos los otros. Perdíamos todos los partidos, jugábamos siempre de noche en verano y siempre salíamos llorando porque los otros más grandes nos goleaban. Una vez jugamos contra Almafuerte de Las Varillas y perdimos 19 a 1 y yo hice el único gol. El arquero era Pitin Ferrero que fue arquero de la selección argentina, aquella que ganó en Toulón y también Daniel Astegiano, que luego jugó de 9 en Independiente. Los dos eran de Las Varillas.

-¿Y a Sportivo Pozo del Molle cómo llegás?

-En verano jugaba todos los nocturnos, que duraban tres meses. Sportivo siempre me llamaba, pero yo prefería ir a pescar y cazar. En 1974, cuando tenía 17 años, me invitó Aladino Petri, mi primer técnico y desde el primer amistoso fui titular.

En el primer amistoso jugué medio tiempo de 4; en el segundo tiempo me puso adelante, no recuerdo si de 7 o 9 y me quedé para siempre como delantero. En todos los equipos donde estuve fui titular, nunca fui al banco, salvo dos partidos en Talleres de Córdoba, con la Pepona Reinaldi como técnico.

-Jugaban en la Liga de San Francisco.

-Sí, fui goleador varios años y participé también en la selección de la Liga. En esos años se jugaba el Provincial de Ligas y fui goleador de ese torneo, perdimos la final con Córdoba. De local jugamos en Alicia y empatamos 1 a 1, de visitante perdimos 2 a 0. En Córdoba jugaban el Pato Gasparini, la Araña Amuchástegui, Carranza, un 5 que era de Belgrano.

En 1980, con Sportivo fuimos segundos o terceros en la Liga, y a fines de ese año, me pide a préstamo Almafuerte de Las Varillas, que juega el Provincial y salimos campeones. El técnico era Palito Correa. No pude jugar esas dos finales porque justo me compró Alumni y como ya había entrado el pase en la Liga Villamariense el préstamo quedó nulo.

El Gaucho, en la actualidad, repasando su carrera en las instalaciones de El Diario

-¿En Alumni alguna vez fuiste al banco?

-Nunca, estuve entre una cosa y otra durante más de siete años y siempre fui titular. Siempre bromeaba con el Nene Miranda, en las prácticas usábamos camisetas más viejas, y el utilero agarraba del montón de camisetas lavadas, iba repartiendo como venían. Y si le daban la 7 a otro, yo les decía “que la usen ahora, pero esa camiseta acá tiene dueño”. A Alumni vinimos juntos con el Cuisa Tissera.

-En esa etapa que Alumni se va a Córdoba, tiene grandes campañas y memorables triunfos. Vos manejabas los dos perfiles, fuiste goleador y buen asistidor. Particularmente recuerdo tu capacidad para tirar la “bicicleta” en velocidad y que siempre estabas pegado a la línea.

-Me gustó desde un principio jugar sobre la línea. Todos dicen que si uno pasa la línea se va afuera, pero para mí la línea es una compañero más. El defensor siempre te da la línea, te marca del lado de adentro; si me daban la línea se la tiraba dos metros adelante y ¿sabés cuándo me iba a agarrar? y si me marcaba de frente manejaba los dos perfiles. Por eso jugué por los dos costados siempre, para mí era lo mismo. En velocidad creo que me quedaba más cómodo con la izquierda que con la derecha. Con la pelota detenida pateaba los córneres de los dos costados, desde la derecha con la izquierda y desde la izquierda con la derecha, hasta hice goles olímpicos. En la práctica de los jueves tiraba 20 córneres de cada lado y 20 pelotas detenidas de cada lado, tipo córner corto, 20 cruzados de cada lado.

-¿La no clasificación después al Nacional fue uno de los sinsabores más grandes?

-Creo que sí. El primer partido con Estudiantes por la segunda plaza al Nacional, en cancha de Instituto estaba para ganarlo cómodo, lo perdimos por dos goles uno más tonto que otro.

-Fuiste una de las figuras y goleador durante dos temporadas y te llega la posibilidad de jugar en Talleres.

-En el 86 fui a préstamo por seis meses con opción. Estuve entrenando dos meses y el técnico era la Pepona Reinaldi, que dirigía desde la tribuna porque no estaba recibido todavía. Me hice muy amigo de Miguel Oviedo, Luis Galván y Chocolate Baley (N. de la R.: todos campeones del mundo en 1978). Gente maravillosa y espectacular, grandes personas, a mí me adoraban. Parecía que nosotros éramos los campeones del mundo por cómo nos trataban.

-¿Qué pasó que solo jugaste dos partidos y te fuiste?

-En marzo se reinició el torneo con la segunda parte de la Liguilla, venía rompiéndola en las prácticas, y en el primer partido jugamos en el Chateau contra Estudiantes de La Plata, me toca ir al banco. Creo que estaba bien, era la primera vez que iba a un club donde me tocaba ir al banco. Talleres tenía como delanteros a Tenedini, Fiori y Bevilacqua; y esa semana se hace la tratativa para que Bevi se fuera al Emelec de Ecuador. Termina el primer tiempo 0 a 0, en el vestuario Reinaldi me pide que me mueva porque iba a entrar en el segundo tiempo. Me preguntó si me animaba a jugar por izquierda, siempre jugué por las dos puntas y en la Liga de San Francisco jugaba de 9, a los 5 minutos entré por Bevilacqua. Le pegué un paseo a Julián Caminos, que era el 4 de la selección, y en una jugada lo hago pasar de largo dos veces, antes de meter el centro para que Tedini hiciera el gol de cabeza. Y terminando el partido, con todo Estudiantes que se había ido al ataque. En un córner la atrapa Angel David Comizzo, que era el arquero de Talleres y me la tira, estaba a la altura de la mitad de la cancha y con el Negro Agüero, que fue técnico de Alumni, como último hombre, que me termina haciendo foul a la entrada del área; tiramos el tiro libre y se terminó el partido. En el vestuario, Reinaldi me dice “bien, Gaucho”. Luego me contaban que Víctor Brizuela me elogió en la radio. No era la primera vez que lo hacía.

-¿Y después?

-Al viernes siguiente jugábamos con San Lorenzo, que no tenía cancha y hacía de local en la Bombonera. Todos creían que iba a estar yo de titular, porque no había nadie que jugara por izquierda. A la mañana antes de almorzar da la formación y lo pone a José Pochettino de 11, que siempre jugó de 9. El que marcaba punta en San Lorenzo era Luis Malvárez, que le pegaba hasta a la madre, pero era lento. Faltando 15 minutos perdíamos 2 a 0 y me hace entrar, estoy seguro que entré por los compañeros, antes de entrar lo echan a Fiori y terminé corriendo al 2 y al 6. Cuando llegué al vestuario le dije de todo a Reinaldi, lo traté de cagón, me volví desde Buenos Aires en colectivo, no volví en el avión. El gerente de Talleres era Pichi Fabro, que era de Laspiur y nos conocíamos. Ahí nomás le dije que me pagara lo que me corresponde y me diera el pase que me iba, me volvía a Alumni, que justo había llegado Miguel Brindisi, estuve varios días, me habló Nuccitelli, pero sabía que la Pepona no me iba a poner. Entendí que se llevaba mal con los villamarienses, ya que con el Negro Ludueña tenía una pésima relación y lo ponía porque no le quedaba otra. Tuve como 20 entrenadores en mi carrera, y con el único que me llevé mal es con Reinaldi.

-Pero no pudiste volver a Alumni...

-Estuve de lunes a jueves para que me dieran el pase, no fui a entrenar. Le devolvieron el pase a Alumni. Como tenía dos pases interclubes en el año no podía jugar. El Lalo Rodríguez habló con Estudiantes de Río Cuarto y terminé arreglando por teléfono con ellos. Estudiantes siempre me había querido. Ese año fui campeón allá y tuve grandes compañeros, entre ellos Carlos Rosané, el viejo Pampa. Compartíamos la pieza en la concentración y era matero como yo, pero cuando nos tocó jugar en contra siempre me cagaba a patadones, pero me encontré con una persona maravillosa. Hace poco volvimos a hablar, nos encontramos por Facebook. El técnico era el Pistola Vázquez y debuté en la segunda fecha, contra Juniors e hice dos goles y terminamos ganando 5 a 1.

-¿Ahí volvés a Alumni?

-Claro, el 87 jugué en Alumni y como no clasificamos al Provincial me voy a Argentino de Marcos Juárez como refuerzo, junto al Negro Bernio y salimos campeones. En el 88 jugué en Sportivo de Pozo del Molle, al año siguiente no jugué y ya en el 90 fui a Almafuerte de Las Varillas, donde salimos subcampeones. Y ahí terminé mi carrera.

-Alguna vez comentaste que Alumni te dio todo.

-Sí. Es así. Alumni me dio todo. Pero estoy agradecido de los equipos que jugué. También en Estudiantes de Río Cuarto me trataron muy bien, Antonio Candini era el presidente en ese tiempo y con la rivalidad que había me quería llevar todos los años. Tuve la suerte que adonde jugué me trataron bien. De mis compañeros no tengo nada que decir, solamente agradecer el compañerismo que se formó en todos los equipos.

-¿Cuál fue el defensor que más duro te marcó?

-En esa época había buenos y todos pegaban. Jugando en Córdoba, Mansilla de Huracán, y en la Liga, Jorge Gianandrea. Una persona increíble. Había una gran rivalidad y vino a jugar un Provincial a Alumni, con el Beto Schibli. Me hice muy amigo con ambos. Otro que marcaba bien era el Tato Blanda, de Alem. Había buenos marcadores, y otro que me marcó muy bien: el Bochita Mazzini. El año que fue a jugar a Alem me marcó los dos clásicos, me conocía bien y no me la dejó tocar. No me pegó una patada, pero no me dejó que la tocara.

-¿Y ser técnico?

-Dirigí tres años en las inferiores de Sportivo de Pozo del Molle, la 78-79, y salimos campeones los tres años. Después no seguí.

 

El gol inmortal

-Fuiste goleador y figura, te cansaste de meter goles, pero todos recuerdan ese que le hiciste a Belgrano.

-Y es el gol que a mí menos me gusta. En realidad tiré un centro. Uno lo ve y es espectacular, porque le pego con la parte de afuera del pie izquierdo como tiraba todos los centros, siempre le pegaba con el empeine, con derecha o izquierda y a la cabeza. Guillen hizo muchos goles así. Un rato antes lo habían echado a Olivera, que me marcaba a mí, me hace un foul y lo echan. Nosotros quedamos con 10 y ellos con 9, porque ya habían salido Salinas y Ludueña. En la jugada Molina la abre para Agonil, yo estaba abierto y me la tira a la punta del área, le pego, hace una comba rara y se le mete por atrás a Ramos, que no la podía agarrar por nada.  

-Lo particular es que vos no festejabas mucho los goles y ese sí.

-Casi no festejaba los goles, pero ese sí, estaba terminando el partido, fue especial, por lo que significó. A mí no me gusta, pero la gente recuerda a este. Encima la cancha estaba que explotaba. Hubo más de 10 mil personas, porque habían traído una tubular grande. Pero hice goles 10 veces mejores y ese año hice como 20 goles. A la gente le gusta ese por el significado.

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