Gastronomía

Un salto al vacío

“El vacío queda así (desmenuzado) porque es un braseado, con una cocción de cuatro horas con cerveza, cebollas, pimientos y un par de toques personales que no se pueden contar”.
jueves, 31 de octubre de 2019 · 13:00

Escribe: Franco Gazzoli  - Fotos: César Carballo

Para notas como estas, uno puede imaginar primero el título. Y así fue. Salimos con el fotógrafo hacia el aeroclub, buscando encontrar “un sándwich para mirar al cielo” e imaginando qué escribir contando cómo una larga fila de camiones de comida hacen a un festival gastronómico para acompañar a otro, el festival aéreo. Al menos algunas cuantas líneas surgían en los pensamientos, sabiendo que no resulta. Nunca resulta. Y así fue.

Fuimos directo a buscar el camión de Pablo y para, a partir de él, contar esta moda, esta movida que producen los food trucks, tan importantes como el mismísimo artista en algunos eventos.

El “Currywurst” estaba apostado bien cerca de la pista de los aviones. El escenario se hacía inmejorable. Pero no.

De entrada, pasamos de un tradicional plato alemán al que las más de cien personas del público ya habían pedido: un sándwich de vacío desmenuzado, con papas. Porque todo sale con papas hoy. Bueno, nos quedaba la posibilidad de usar el título todavía, y es entonces cuando una breve historia lo puede más.

Pablo Trucco tiene apenas 50 años y se subió al camión hace dos. “Lo vi publicado y no lo dudé. Fui a comprarlo, a ver cómo lo podía comprar”, dice seguro, como si acabara de leer ese clasificado otra vez.

Distinto a casi todos nuestros entrevistados, Pablo no estudió para ser cocinero profesional, un chef de la alta cocina. El villamariense, de barrio Centro, estaba en otro rubro muy distinto: “Yo vendía ropa”, confiesa. De todas maneras, había tenido algunas incursiones, temporales, en la gastronomía, con una parrilla “en las sierras”, precisamente en Santa Rosa de Calamuchita, en el año 2007, y también en el complejo La Olla. “Cocino porque me gusta”, declara. Y lo hace en su casa, para la familia, los amigos… Le gusta. “Me encanta”, remarca.

Es más, ya sabe que estará cocinando “algunos platos temáticos” en un flamante emprendimiento de la calle Mendoza, un pedacito como arrancado de Güemes que se esconde buscando un lugar en el centro de la ciudad, en esta pampa gringa que observa con asombro las piruetas de las aeronaves.

Pablo apunta que se especializan “en comida alemana, de ahí el nombre del camión, hacemos charcutería”.

Para el cocinero, “es algo distinto para ofrecer, porque lo comés cuando vas a un evento, a una fiesta”.

“También hacemos brochette con salchichas ahumadas, el currywurst, que es la salchicha que sale con la salsa curry, papas y chucrut. Es el plato clásico callejero en Alemania, como el choripán en nuestro país”, comparte Pablo. Este plato sale en bandeja en realidad, semicortado y con cubiertos, por si acaso.

 “El vacío queda así (desmenuzado) porque es un braseado, con una cocción de cuatro horas con cerveza, cebollas, pimientos y un par de toques personales que no se pueden contar”, explica el cocinero de turno. Con una pinza coloca la carne en el pan partido y corona con papas fritas. Ni siquiera al final los panes volverán a tocarse. No le hace falta nada más que mirar el cielo y descubrir ahora los aviones. Pablo y los suyos sirven otro sándwich desde el camión. El vacío se impone. Una poesía encontrada que nunca buscamos.

Los vinos que acompañan.

Vale admitir que en la mayoría de los casos, como en Alemania, estas comidas y en el marco de un festival gastronómico, al aire libre, serán bien acompañados por una pinta, una cerveza. Sin embargo, hay que atreverse también a un vaso o copa de vino. Días atrás, el reconocido enólogo Angel Mendoza compartió en su cuenta de Facebook que “una hamburguesa con un vino es una gran hamburguesa”. Le cabe bien a esta composición de vacío.

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