Entrevista - Xavier “Pampa” Aguirreal, presidente de Liberté

La cooperativa que creó el primer restaurante gestionado por presos

En la cárcel de máxima seguridad ubicada en Batán (Buenos Aires), nació la primera cooperativa de trabajo integrada por personas privadas de su libertad. Hoy, cuentan con 17 emprendimientos productivos. Xavier Aguirreal, su presidente, cuenta a El Diario cómo nació Liberté
domingo, 11 de diciembre de 2022 · 08:30

(Edición impresa). La cooperativa de trabajo Liberté tiene un año de funcionamiento, pero su historia se remonta a 2014, cuando Xavier Aguirreal, detenido en la cárcel de Batán, planteó la idea de comenzar con un emprendimiento laboral.

“Antes te hablo del contexto. En 2014 y también en 2022, los presos que llegan a la cárcel tienen dos alternativas: o se convierten en indigentes o en mantenidos. Porque, o los mantiene la familia, amigos o entidades de bien público; o no tenés nada. Esto es porque el Estado no cumple la función que tiene de proveer, por ejemplo, un calzado. Si entrás con un par de zapatillas a la cárcel, se te van a romper y si no tenés quien te mantenga o te done, andás descalzo”, comenzó diciendo Xavier, presidente de la primera cooperativa de trabajo integrada por personas privadas de la libertad.

“Cuando entré a la cárcel no tenía nada. Entonces propuse al servicio penitenciario que me autorizaran a realizar un emprendimiento autogestionado para trabajar y poder comprarme un par de zapatillas, un champú o un paquete de arroz para mejorar la comida incomible en el infierno”, señaló.

“Dentro de todo el calvario, tuve la buena suerte que al momento que propongo ese emprendimiento, estaba de jefe de trabajo local en la cárcel de Batán un penitenciario raro, con sentido común, de los que hay pocos. Él me dijo que sí y me puso en contacto con otro jefe que estaba en La Plata y resultó ser que también era un tipo raro y estuvo de acuerdo con la propuesta”, agregó.

Aguirreal sabía que quería hacer algo autogestionado, pero “todavía no lo tenía en palabras. De hecho, en el papel que presenté para que me autoricen el proyecto puse ‘emprendimiento propio’”.

Ese jefe de entonces le dio dos opciones: un emprendimiento productivo, con el apoyo del servicio penitenciario al que le debían dar el 50% de las ganancias; o uno autogestivo, en el que había que encargarse de todo y en consecuencia, todo lo que ganaran quedaban para ellos. “Elegí la última opción y resultó ser el primer proyecto de este tipo en la provincia”, señaló.

Cuestión de derechos

El camino de las autorizaciones fue sorprendentemente corto: en un mes lo lograron. “Pero después empezó todo lo difícil, porque hay una cultura que entiende que, si el preso trabaja, es para hacer donaciones, no para ganar plata”, señaló.

“Esa gente cree que los que estamos en la cárcel, estamos privados de la libertad ambulatoria, pero también del derecho al trabajo y de la educación”, agregó.

“Con el tiempo lo fuimos resolviendo. Hoy, cuando entra un penitenciario a Liberté, entra con una tarjeta de débito en la mano a preguntar cuánto cuesta algo de lo que hacemos. Antes entraba viendo que le dábamos”, recordó.

No tenían muy claro que iban a hacer, y empezaron vendiendo unos cuadros, luego unos relojes de pared que fueron furor en Mercado Libre y hasta llegaron a hacer un taller de costura.

Comenzaron con la iniciativa Xavier, su compañero de celda y un pastor que colaboró ad honorem desde el principio como nexo entre el “afuera” y la cárcel y hoy, sigue acompañándolos.

El presente,dista mucho de aquel comienzo. En número de participantes, de aquellos dos originales, hoy son 200 (no en la cooperativa, que tiene 25 socios) que realizan 17 actividades distintas.

“Vimos que con la autogestión todo era posible, no solo en lo económico, sino también en la recuperación de derechos y de dignidad”, valoró.

Y antes de seguir, advirtió que seguramente mucha gente se pregunta: “¿Por qué un preso anda queriendo recuperar derechos y dignidad, cuando están ahí por habérselos quitado a otra persona?”. Y la respuesta no está solo en la ley que establece que las cárceles no son para castigo, sino que hay un punto central: “Si el Estado, acá adentro del infierno -así llama a la cárcel-, enseña que los derechos humanos no existen, porque si te los quitan es que no existen, entonces, cuando esa persona salga en libertad, va a salir convencido de que los derechos humanos no existen, ni los de él, ni los de las otras personas. Por eso, cuando sale un preso en libertad y se va a vivir a un barrio, cualquiera, la gente lo identifica como un exconvicto. En Liberté trabajamos mano a mano con Víctimas por la Paz, porque soñamos otro futuro, un futuro en el que, cuando alguien salga en libertad, sea un vecino más. Y para eso hay que transitar la cárcel con derecho y dignidad”, planteó.

Acá viene un punto central que tiene que ver con el apoyo que tuvieron de una ONG denominada Víctimas por la Paz. La entidad está integrada por personas víctimas de delitos, que tienen una mirada diferente a la punitivista. No salen a pedir más castigo para sus victimarios, porque entienden que la convivencia es lo contrario a la inseguridad y por eso trabajan en las cárceles con talleres, apoyando emprendimientos y buscando ese objetivo común, ese sueño de que, al recuperar la libertad, quien estuvo detenido se convierta en un vecino más.

Otro de los pilares que tuvo Liberté fue un juez, ya fallecido, Mario Juliano. “Cuando murió él, que era nuestro padrino, pensábamos constituirnos como una asociación civil, porque necesitábamos una organización firme”, señaló.

En eso es que se reúnen con el gerente de la Federación Argentina de Cooperativas de Crédito, quien les dio la idea: “Trabajan como cooperativa, conviértanse en cooperativa”, les dijo.

 Sabían que no era fácil, porque hay un artículo en la legislación de cooperativas que impide a personas condenadas por determinados delitos ser parte del Consejo de Administración. Encontraron que, en el INAES, también estaban en desacuerdo y juntos encontraron el camino para dar legalidad y así autorizaron a Liberté como cooperativa de trabajo, la primera integrada por personas privadas de la libertad ambulatoria.

El objeto social fue otro tema de debate, porque le autorizaban tres actividades. “Nosotros ya teníamos en marcha 17 y no pensábamos cerrarla. Finalmente, nos autorizaron las 17”, dijo.

Punto de Paz

Entre esos 17 emprendimientos está el taller de costura, la carpintería, la herrería, la biblioteca, la huerta, el apiario, el hibernáculo y el almacén, la principal fuente de ingresos de la Cooperativa. Y además, “la Joya” que inauguraron en septiembre: el restaurante Punto de Paz. “Es el primero en el mundo gestionado y atendido por presos”, remarcó Xavier. La coordinadora de Víctimas por la Paz donó el mobiliario y como ya tenían rotisería, ofrecen en el restaurantes almuerzos y desayunos.

El año próximo, las personas de “afuera”, que así lo deseen, podrán ir, turno mediante, a comer algunos de los menús que ofrecen en el lugar.

Es además un espacio donde los presos pueden comer algo parecido a cuando estaban en libertad.

 

El futuro

Desde Batán, Xavier nos repite que “todo es posible” con la autogestión. Espera poder sumar más socios a la cooperativa y que todos puedan percibir un ingreso mínimo para sostenerse o en muchos casos, sostener a las familias. Es dinero que ellos mismos generan, vendiendo lo que producen y manteniendo los espacios asignados para tal fin.

Todo lo que compran y venden lo hacen por medios digitales. Y eso es posible porque en la provincia de Buenos Aires no están prohibidos los dispositivos electrónicos y tienen acceso a Internet.

 El otro plan a futuro es la creación de una mutual, para prestar servicios de salud y también de lo que llaman turismo, que en realidad es la posibilidad de hacer convenios con hoteles en las ciudades en las que hay cárceles, para que cuando los familiares visiten a los detenidos, puedan alojarse a un menor costo.

Son logros alcanzados con el trabajo colectivo, para que algún día, no muy lejano, se entienda que la educación y el trabajo común, se convierten en el camino correcto para que el mundo, el país o el barrio, sean un lugar donde todos tengamos derechos y dignidad.

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