Malvinas y sus héroes, siempre presentes en el sentimiento de los habitantes de Villa María
Langer y un reconocimiento a más de 40 años del fin de la guerra
Un reclamo que iniciaron en el año 2000 los integrantes del Cuerpo de Aspirantes a Oficial de Reserva dio frutos. El soldado villamariense es ahora subteniente“Nuestra capacitación como aspirantes a oficiales de Reserva iba a concluir con un salto en paracaídas y finalizó con la participación en una guerra… Eso es lo que se termina reconociendo a través de un decreto presidencial. No hay dinero de por medio en esto. El reclamo no iba en ese sentido. Yo lo cuento porque Villa María se fue malvinizando gracias al trabajo de todos los veteranos, escuela por escuela, de charla en charla, actividad por actividad. Es un logro más, pero de todos los soldados que fuimos de acá…”. Las palabras de Erik Langer contienen las dosis de orgullo y melancolía que casi siempre conllevan las expresiones de los veteranos de la Guerra de Malvinas.
-¿Pero, cómo empezó todo?
-Cuando entramos al servicio militar, 35 soldados de todo el Departamento General San Martín fuimos elegidos. Un teniente que ni conocíamos era el jefe. Se presentó y empezó a elegir entre 100. Quedamos 35 en primera instancia y, finalmente, 30. Nos dijo que a partir de ese momento éramos la Sección AOR (de Aspirante a Oficial de Reserva) y que habíamos sido elegidos por nuestros estudios, nuestra formación, nuestras condiciones físicas… Nos advirtió que íbamos a ser exigidos más que el resto, pero que en 6 meses íbamos a salir con el grado de subteniente de Reserva, luego de terminar con un curso de paracaidismo en Córdoba, con un salto desde una aeronave en vuelo… Al poco tiempo ya estábamos a 1.900 kilómetros de acá y, en esa época, sin otro contacto con la familia más que por cartas. Empezamos con la instrucción, que fue muy exigente, y el 27 de marzo nos informaron que, a partir de ese momento, la sección, junto con otras dos secciones, pasamos a formar parte de la Compañía C del Regimiento de Infantería y que había una movilización. Un día más tarde, el 28, embarcamos en el Irizar y, a los 2 días de estar embarcados, nos enteramos de que íbamos a Malvinas, que la misión nuestra era recuperar Malvinas.
-¿Cómo siguió la historia de ustedes, los AOR en la Compañía C del Regimiento, durante el conflicto?
-Desde el 4 de abril hasta el 27 de mayo estuvimos en Ganso Verde, que está a 150 kilómetros de Puerto Argentino. Ese era nuestro lugar de destino, para cuidar la base aérea de los aviones Pucará, que estaba ahí. Y el 28 a la madrugada, el teniente nos reúne a los 30 y nos dice: “Muchachos, llegó el momento esperado, nos vamos al frente. Tenemos que ir a apoyar a la compañía del Regimiento 12 correntino, que está más adelante, en Darwin, a 2 kilómetros de donde estábamos nosotros”. Y durante toda la noche veíamos que los combates se estaban desarrollando cada vez más cerca; y bueno, a las 7 de la mañana salimos atrás del teniente, caminando. Al llegar a la Darwin nos ordenó desplegarnos en cadena, uno al lado del otro, bajando hacia el mar y, bueno, los ingleses venían de frente y ahí empieza el enfrentamiento…
-¿Cuánto duró ese enfrentamiento?
-Estuvimos 4 horas en combate. El teniente corría de pozo en pozo hasta que fue herido. Él quería de alguna manera seguir activo, nos alentaba. Y en un momento se asoma y recibe un disparo en la cabeza y muere ahí. Y bueno, después de 4 horas de combate ya nos estaban superando, ya no teníamos casi municiones, así que uno de los jefes nuestros decide rendirse. Porque ya no tenía sentido seguir peleando, y ahí fuimos tomados prisioneros, en Darwin.
“Yo estuve casi diez años sin hablar del tema”
-Y después, el regreso al continente, donde por entonces buena parte de la población les daba vuelta la cara. Algo que ustedes mismos lograron revertir…
- Sí, lo que pasó en un principio era que perdimos la guerra, veníamos de un Gobierno militar y quedamos medio encuadrados con el tema de los militares y que éramos los chicos de la guerra y todo eso… Y nosotros, que en ese momento éramos jóvenes, nos queríamos olvidar de todo. Yo estuve casi diez años sin hablar del tema Malvinas y después, cuando fui una vez que me invitaron desde Centro de Veteranos a una charla en un colegio, me puse a hablar y ahí me di cuenta de que era eso lo que tenía que hacer. Eso me endureció y me hizo ver que lo que habíamos hecho no estaba tan mal. Y la mamá de Fabricio Carrascull, que es uno de los que muere en combate, siempre nos decía desde Hernando, cuando íbamos a visitarla, “chicos, hablen, ustedes tienen que hablar, ustedes tienen que contar las cosas”.
-¿Y te animaste también a reunirte con los AOR?
-También. En los 90. Éramos 18, 20. Empezamos a hablar con la idea de hacer un libro; eso fue lo primero que nos surgió, que se nos ocurrió. Ahí nos empezamos a juntar más seguido y siempre bromeábamos con el tema de por qué no somos subtenientes y nos tratábamos de subtenientes. Hasta que decidimos hacerle honor a ese hombre que fue nuestro teniente, Roberto Néstor Estévez, ascendido a teniente primero post mortem y condecorado con la Cruz al Heroico Valor en Combate. Él murió en aquel combate y, a sus 25 años, nos pedía seguir siempre unidos y conseguir el objetivo: “Ustedes agarran la Bandera, tienen que ser una jauría de perros, siempre juntos y defendiendo el centro, y esto no se termina acá y va a seguir para adelante”. Y bueno, así fue y hasta el día de hoy nos seguimos juntando. Y en el año 2000 empezamos con el tema, “che, ¿qué te parece si le hacemos un pedido al Regimiento para que nos den el reconocimiento de subteniente Reserva, porque más allá de que no terminamos el curso con el salto de paracaidista, estuvimos en guerra, tenemos caídos, tenemos condecorados en la sección”... Así que empezamos con el reclamo en el Regimiento; el Regimiento lo pasó al Estado Mayor del Ejército; el Estado Mayor del Ejército nos dijo que no, porque los ascensos dependían del Poder Ejecutivo... Pero no nos quedamos de brazos cruzados, seguimos con los reclamos hasta que el anteaño (2024 sería) llegó al Ministerio de Defensa, me llamaron de Buenos Aires y me dijeron que necesitaban el listado de integrantes de la sección. Y bueno, el 2 de abril del año pasado, el presidente anunció que todos los aspirantes a oficial reservista serían ascendidos a subteniente reservista, como tiene que ser.
-¿Dónde se materializó?
-Pudimos organizarlo bien y se hizo en el Liceo General Paz de Córdoba. Repito, es un hecho más en esta malvinización. Nos emociona, como nos emocionamos en las charlas, porque es algo que tenemos adentro. Con esas charlas plantamos la semilla. Ahora, después de 40 años, tenemos el museo, el gabín, el monumento, los carteles, las marcas en Villa María… Villa María es una ciudad muy malvinera. Estamos viendo cómo la juventud tiene conciencia de lo que es Malvinas; en la Universidad, en los colegios... Lo importante que es la vigilia del 2 de abril, uno de los actos más convocantes en la ciudad…
-Recuerdo una pregunta del público en una charla que se organizó acá, en elDiario, acerca de si estaban preparados para ir a la guerra…
-Sí, en realidad, nadie está preparado para la guerra. Ni los ingleses, porque son profesionales de la guerra y, sin embargo, tuvieron 200 y pico de suicidios después de la guerra. Mirá lo que le pasa a Estados Unidos con los veteranos que vuelven de la guerra, los problemas que tienen con los veteranos. Nadie está preparado para una guerra. La guerra es algo absurdo, es una locura de políticos, y bueno, lamentablemente, la sufre el que está allá, sus familiares y el pueblo.
S.V.
AQUELLAS FOTOGRAFÍAS - El regreso a Malvinas
“Salimos de la oficina de la Falkland Company, que está ahí, en el puerto, donde pensábamos encontrar a una persona que nos orientara en el inicio de la visita, pero no había nadie. Nos fuimos para el centro, pasaba un Jeep y lo paramos. Era un muchacho, un chileno, y le preguntamos si no sabía dónde alquilaban Jeep. `Sí, donde yo trabajo alquilan´, nos dijo. Queríamos ir al museo y él mismo nos llevó. Y después nos llevó a la oficina donde habíamos estado nosotros, donde no encontramos a nadie y no íbamos a volver, pero nos llevó a esa oficina, donde ya había llegado un isleño, un muchacho de lentes, y entonces le dice el chileno: `Mirá, son argentinos, quieren alquilar un vehículo´. El tipo dijo que tenía un vehículo para alquilarnos el día siguiente y me miraba nervioso; el tipo me miraba nervioso. Cuando salimos, mi señora me preguntó si había notado cómo me miraba el tipo... `Como somos veteranos de guerra argentinos, a lo mejor se pone nervioso´, dije.
Cuando volvemos por el Jeep, nos hace firmar los papeles y nos pregunta: `¿dónde estuvieron ustedes?´. Walter le dice: `yo estuve acá, en el pueblo, en comunicaciones´. Y Guillermo, `yo estuve en el aeropuerto´. Yo le digo: `Estuve en Green Goose´. Y me asintió. Y bueno, quedó ahí, el tipo se notaba nervioso otra vez.
Así que nos fuimos a recorrer la isla, fuimos al cementerio, que fue la parte más emotiva, y cuando volvemos a devolver el Jeep, nos bajamos con mi señora ahí, en el puerto. Walter se adelantó, empezó a firmar los papeles y al ratito vamos con mi señora, y cuando entramos a la oficina, Walter me señala arriba del escritorio. Y cuando me asomo, arriba del escritorio están todas las fotos que nos habíamos sacado con Fabricio y Horacio, con una cámara que nos había dejado el padre de Fabricio, el chico de Hernando que murió allá. Así que le preguntamos al muchacho de dónde las había sacado y él, llorando (y nosotros también, llorando, emocionados), dice que en el 2007 habían vuelto soldados ingleses y le habían dejado la foto y le dijeron: `Cuando venga algún argentino, dale estas fotos´. Y justo caímos nosotros ahí...”.
