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En el Día del Animal, hablamos acerca de qué es la “sintiencia animal”
La sintiencia animal refiere a la capacidad de los animales de experimentar sensaciones y emociones, tanto positivas como negativas, como alegría, placer, dolor y angustia. Implica que los animales son conscientes de sus propios sentimientos y experiencias, y que estas son importantes para ellos.
Con el objeto de echar luz sobre el tema, desconocido por muchas personas, entre ellas algunas que tienen el poder de hacer algo positivo por “nuestros hermanos menores”, como los calificó San Francisco de Asís, ¿qué mejor que citar las palabras del 8 julio de 2024 de Alicia Alejandra Paredes Ramos, letrada, miembro fundador de la Comisión de Derecho Animal del Colegio de Abogados de Oviedo, Asturias, España. Ella asevera: “No cabe ninguna duda de que los ‘animales humanos’ somos seres sintientes, es decir, somos conscientes de nosotros mismos y del mundo que nos rodea, y tenemos la capacidad de sentir emociones como placer o dolor, emociones gracias a las cuales podemos sobrevivir en un mundo lleno de sensaciones, ¿pero qué sucede con los ‘animales no humanos’?”
La respuesta es sencilla: lo mismo. Los animales no humanos también son seres sintientes, experimentan dolor, ansiedad y sufrimiento, físico y psicológico, cuando se les mantiene en cautividad o se les priva de alimento, por aislamiento social o limitaciones físicas, o cuando se les presentan situaciones dolorosas de las que no pueden librarse. Son conscientes de sí mismos y de lo que les rodea. No son máquinas, no son cosas. Así lo argumentan algunas corrientes de pensamiento o teorías predominantes relacionadas con la protección de los animales, y que sin duda han influido enormemente en el derecho animal y en lo que hoy conocemos como “sintiencia animal”. La idea predominante propuesta por científicos destacados, como por ejemplo Stephen Hawking (autor de la teoría del Big Bang sobre el origen del universo), para respetar sus derechos no es definitorio si los animales razonan o hablan, sino si pueden sufrir. Según este pensamiento, las acciones de los seres humanos deberían ser maximizar el placer y minimizar el sufrimiento de los animales.
La primera ley...
Fueron autores cuyo pensamiento tuvieron sus frutos posteriormente en la que se conoce tradicionalmente como la primera ley de protección animal del mundo, la Ley Martin. Lo que estos autores tienen en común es que defienden la idea que los animales son seres sintientes, y que es precisamente esa capacidad de sentir la única característica necesaria para hacerles merecedores de consideración moral. Así lo reconoce, a día de hoy, el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE) en su artículo 13. Se trata de un principio constitucional, de obligado cumplimiento, que vincula a los Estados Miembros al aplicar y desarrollar el Derecho de la Unión, lo que supone un gran avance hacia una mayor protección”.
¿Sería tal vez demasiado utópico esperar que aquellos a quienes la voluntad popular les ha conferido el poder de tomar decisiones lo hagan según las teorías surgidas de mentes brillantes acopladas a las modernas aplicaciones de la ciencia dejen de lado prejuicios, antiguas creencias y equivocadas percepciones, ¿para qué? Y…, para que las cosas vayan mejor para todos, incluidos los ‘animales no humanos’.
Magíster María Teresa Magi
