Nota de tapa

“Le di todo a la docencia”

Treinta y ocho años después de dar su primera clase, Daniel Barrientos decidió jubilarse. Un punto que no es final para el profesor de Educación Física que sabe que siempre estará enseñando.
viernes, 25 de octubre de 2019 · 13:59

Escribe: Damian Stupenengo Fotos: Victoria Araujo

¿Qué es lo que más vas a extrañ… “El cariño de los niños”. La frase se le cayó de la boca antes que la pregunta se completara. La docencia da muchas satisfacciones, pero no tiene duda que será eso lo que más va a añorar.

Daniel Barrientos cumplió sesenta años y se jubiló tras pasar 38 enseñando. Treinta y ocho exactos, porque recuerda rigurosamente la fecha en la que se paró por primera vez frente a un grupo de alumnos como si la tuviera anotada en un apartado exclusivo dentro de su memoria.

El reconocido profesor de Educación Física del Rivadavia, del Sport, del Unión Central, del profesorado de Educación Física La Santísima Trinidad… aseguró que llegó el momento de descansar. “Si hay algo que nadie me va a poder echar en cara es que no le di todo a la docencia. El cuerpo, mis horas, mi pasión, mis ganas, mis deseos, en todos los lugares donde estuve. Hoy necesito estar al vicio”, resumió, antes de empezar abrirnos su corazón y su mente.

 

DE ATRAS HACIA ADELANTE

La historia de vida de Daniel Barrientos podría empezar a contarse cronológicamente desde el momento en que pisó Villa María por primera vez, el 16 de marzo de 1974. Pero vale la pena invertir el orden para conocer qué terminó siendo, pensando y haciendo una persona que vive rodeado de educadores: sus cinco hermanos son docentes, y dos de sus tres hijos siguieron sus pasos. Además de estar casado con Mónica Sonzini, profesora de Lengua.

A lo largo de los años, las formas en que daba sus clases fueron cambiando. La evolución de un profesional es parte de cualquier carrera y a él le hizo un “clic” particular “cuando aparece el juego cooperativo”.

Fue hace unos 15 años “cuando se me aparece el paradigma de cooperación versus competición”, dijo sobre algo que lo marcó. “Yo me preparé mucho en eso y logré, a pesar de haber estado en el deporte de competencia y ser un dirigente deportivo, aprender esto del cooperativismo como una filosofía de vida, no solo del juego, y llevarla adelante”, contó

Desde allí es que “intenté dar mis clases de educación física cooperativamente”, explicó y ejemplificó: “Nunca más elegí equipos. Viste que hay una costumbre de llamar a los dos mejores para que elijan a los compañeros que quieren. ¿Y qué hace el último en ser elegido? Agacha la cabeza, mira para otro lado, se siente relegado. Cambié esas cosas”.

Sus años como docente fueron el resultado de un proceso de superación constante. “Discutí mucho con mis compañeros. La educación física no son los contenidos del deporte de competencia. Los profes tuvimos una mala formación donde nos enseñaron los deportes de competencia y aprendíamos a partir de los modelos técnicos de esos deportes”, argumentó Barrientos y aseguró que otro momento importante fue cuando entendió que había que dejar de utilizar el movimiento como castigo.

“Entrada en calor en la escuela. ´Si no se callan la boca van a seguir corriendo´. No, hay que correr por salud. Cosas que hoy se utilizan. Dar flexiones de brazo como castigo. Nosotros tenemos una formación muy militar porque la educación física nace de las escuelas militares. Entonces los primeros diez años de mi profesión eran así. Enseñábamos lo que era ´firme´, ´descanso´, ´vista al frente´… hoy es una locura”, analizó y reconoció que “todavía hay muchos profes que están con la vieja escuela”.

 

-¿Siempre te entusiasmó la docencia? ¿Hubo cosas que no te gustaron?

-“En algunos momentos renegué de la profesión por lo que cobramos. Siempre uno para poder tener una vida mejor en relación a todas las necesidades de las personas siempre tuvo que trabajar en otros lados. Y eso es algo que no cambió con el paso del tiempo, todo lo contrario, igual que otras profesiones.

Lo peor es que el docente no se da cuenta. Está muy naturalizado. Igualmente, después de hacer los análisis y todo, si hoy me recibo y tuviera que volver a hacer algo, sería profesor de Educación Física”.

 

-¿Qué es lo que más disfrutaste y vas a extrañar?

-“El cariño de los niños. Cuando me jubilé y salió una nota me llamó una niña felicitándome. Yo estaba en un torneo de gimnasia artística en Inriville y realmente se me cayeron las lágrimas. El cariño de los niños, porque el adolescente también te quiere, pero no es tan demostrativo, es más frío, aunque tengo mucho reconocimiento de ellos igualmente. 

Todavía son muchos los que me reconocen en la calle, pero me parece que va a ser lo que más voy a extrañar, cuando dentro de 2, 3, 5 años no me saluden más porque no me conocen”.

 

-Pero, a lo largo de 38 años, siempre habrá exalumnos que se acuerden de vos o incluso hayan acercado a sus hijos a tus clases.

-“Eso me pasa a cada rato y es cuando te das cuenta de que han pasado los años porque me llevan a sus hijos a la escuela de verano o a gimnasia artística. Es una rueda que va a seguir”.

 

-Dentro de todo lo que hiciste como profesor de Educación Física, ¿qué es lo que más te gustaba?

-“Los campamentos. Hasta que tuve energía son hermosos. Los viajes de estudio, tanto de primaria como de secundaria. Me encantan. Dentro de la clase, lo que más me gustaba era jugar. Jugar con los niños. La clase del secundario es otra cosa, con otra estructura, pero la del niño… al niño a través del juego se le enseña mucho y es hermoso”.

 

-El “profe” cuenta con ventaja porque el niño disfruta sus clases la mayoría de las veces mucho más que estar en el aula…

-“Lo disfruta porque el movimiento es antiestresante. Siempre fui muy criticón del profe de aula. Hasta que entré a dar clases ahí. Y el aula es otra cosa. El chico en el aula está quieto. Yo le ponía todo, el cuerpo, las ganas, pero… el aula es un ámbito muy estresante hoy”.

 

ASI EMPEZO TODO

En principio, creyó que su futuro sería la ingeniería en Petróleo. Pero fue en el colegio Rivadavia donde descubrió que quería ser educador, gracias a “profes” que tuvo como “Chiche” Bravo o Guillermo Cardonet.

Le decían “Petrolero” o “Comodoro” apenas llegó a Villa María, en el año 74, justamente porque venía del sur, donde su padre trabajaba para YPF como encargado de buscar petróleo en diferentes lugares. Lo trasladaron a nuestra ciudad cuando Daniel tenía 14 años. Al poco tiempo pisó el Club Unión Central, desde donde nunca más se fue.

Estudió el Profesorado de Educación Física en el IPEF de Córdoba. Esos tres años los pasó en un internado. Antes de recibirse lo llamaron de la ya desaparecida Escuela Pío Ceballos de Villa Nueva para darle sus primeras horas. “El 30 de agosto de 1980 arranqué, y en marzo me dieron muchísimas horas en el Rivadavia”, recuerda sobre cómo empezó su camino en un tiempo donde escaseaban los educadores de su tipo. 

Director de Deportes por nueve días

Daniel Barrientos fue director de Deportes de la Municipalidad… durante nueve días. “No recuerdo el año. Fue una época muy especial, había fallecido hacía poco mi madre, emocionalmente me habían pasado muchas cosas. Eduardo Accastello era el intendente, en el medio de una gestión me llamó porque se había ido “Lalo” Villegas y le dije que sí”, recordó.

“Políticamente estoy en la vereda de enfrente, pero en ese momento no puedo decir que haya sido algo que no me gustó por lo que me fui, sino que sentí que estando ahí perdía cosas de la docencia. Y ahí sentí como un vacío. Por ejemplo, sentí que perdía la Farándula. Estuve nueve días y me fui”, cerró.

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