Federico Martino, estudiante de Arquitectura

Arquitectura de cobijo

Proyectó un vademécum, una opción de hábitat ambulante frente al drama de dormir en la calle. Es una propuesta provisoria, que no corre de eje la obligación del Estado.
domingo, 14 de julio de 2019 · 10:38

Las bajas temperaturas invernales dejaron al descubierto el combo dramático de la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades en la Argentina. Miles de personas en situación de calle en los principales conglomerados del país representaron con crudeza la exclusión del sistema. 

Federico Martino es un villanovense que cursa la carrera Arquitectura, y que en 2017 participó del concurso por el Premio Federal de Arte Contemporáneo proponiendo un vademécum (“va conmigo”), una idea de hábitat ambulante frente al cuadro de dormir en la calle. “Busca ser una respuesta noctámbula, de fácil montaje y desmontaje, con la intención de ofrecer -principalmente durante el verano- un refugio temporario”, escribió en aquel momento.

Atento a todo lo que está ocurriendo en los últimos días en distintos puntos del país a consecuencia de la desigualdad social y el frío invernal, desempolvó su idea. En la charla con La Revista recordó que, años atrás, entregó una manta a una chica que se encontraba pernoctando en la vía pública y que al día siguiente vio que ya no la tenía. “Es difícil andar en el día con frazadas a cuestas”, pensó.

Así fue que planteándose una respuesta provisoria para esta dramática realidad, alumbró el vademécum, “va conmigo”. “El hecho de armarlo y desarmarlo intenta ofrecer una opción ante la necesidad de transportarse de un lugar a otro en donde vas a pasar la noche. Va o ven conmigo es una forma de empatizar con la persona”.

“Esto se ve cada vez más seguido. Se pasa por alto el derecho de tener una vivienda digna y hay gente que la pasa mal. Cuando vivía en Córdoba era frecuente ver a personas durmiendo en la calle o en espacios como los ingresos a los bancos, justamente una entidad sinónimo de economía, de comercio, en donde estaban quienes siquiera cuentan con un colchón”, señaló.

Esa lacerante desigualdad es la que lo impulsó a plantear un objeto artístico con fin social, que “busca ser una respuesta arquitectónica de cobijo. Tiene un doble objetivo: dar una respuesta provisoria para quienes la necesitan, y al mismo tiempo visibilizar lo que le sucede a este sector de la población”, precisó el joven.

A tal fin pensó como material a “los típicos andamios que se utilizan en la construcción, que se pueden subalquilar”. “Son módulos básicos, se pueden armar y desarmar. La idea es aggiornarlos, buscar la manera de que pueda entrar un colchón y alguna especie de filtro que proteja de las bajas temperaturas”, describió.

“Es un dispositivo flexible que se puede adaptar a las distintas necesidades. Incluso en el día podría convertirse en biblioteca móvil o en algo recreativo”, comentó.

Martino subrayó que esto no pretende correr de eje la responsabilidad estatal de brindar viviendas dignas. “No podemos pretender con este refugio mínimo suplantar lo que es un derecho”, aclaró. “Una cosa no quita a la otra”, agregó.

Valoró lo que provocan los concursos, porque hacen pensar y generan la apertura de procesos. Por eso retomó aquella idea, ya que ve que cada vez hay más personas en situación de calle.

 

Federico estudia la carrera Arquitectura en la Universidad Nacional de Córdoba. Es villanovense, nacido el 27 de junio de 1988.

“En mi proceso de formación fui a otros tiempos de los que la sociedad espera o de los que uno mismo espera”, apuntó.

Actualmente se encuentra residiendo de manera temporaria en Santa Fe, al haber sido seleccionado para una beca de intercambio de movilidad mediante un programa del Ministerio de Educación de Nación, por el que se busca que los estudiantes universitarios se trasladen para sumar otros trayectos formativos, sin estar atados a la misma universidad en la misma provincia.

De esta manera se encuentra en la Universidad del Litoral, y ya ha sido seleccionado para otra beca para cursar en el segundo semestre.

“Me siento muy feliz, aprendiendo cómodo. Aprendí en unos meses lo que no había logrado hacerlo en cuatro años. Muchas cosas cobraron sentido”, confesó a La Revista.

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