La historia secreta de la escalada que mantiene en vilo al mundo

Así Netanyahu convenció a Trump de iniciar la guerra contrá Irán

El premier israelí le presentó al presidente de EE.UU. un plan de cuatro objetivos, días antes del ataque. El equipo del republicano lo criticó y dijo que era ridículo, pero...
domingo, 12 de abril de 2026 · 08:39

Escribe: Gabriel Michi
Especial para  MundoNews y elDiario

La historia hiela la sangre. Porque las consecuencias se traducen en miles de muertes y destrucción. En millones de personas desplazadas. Y en un enorme dolor. Sin hablar de las consecuencias socioeconómicas a escala planetaria. La historia secreta sobre cómo se decidió la guerra de Medio Oriente, iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán, parece extraída de una película. Sin embargo, ocurrió en la vida real. En una sala de la Casa Blanca. Y tuvo a dos protagonistas centrales: el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien convenció al presidente estadounidense Donald Trump de que esa peligrosa "aventura" era posible. Y, pese a que sus principales personas de confianza lo desaconsejaron, el republicano decidió acompañar al polémico Bibi. 

El diario The New York Times, usando como fuente entrevistas realizadas bajo condición de anonimato, dio cuenta de los distintos debates internos que tuvieron lugar en los casi 20 días previos que llevaron a la guerra con Irán y la muerte del ayatolá Alí Jamenei. La investigación, que se publicará integra en un libro llamado “Regime Change: Inside the Imperial Presidency of Donald Trump”, fue realizada por Maggie Haberman y Jonathan Swan, corresponsales de ese diario en la Casa Blanca. Esta es la cronología de lo ocurrido:

-El 11 de febrero, Netanyahu se reunió con Trump y su equipo en la Sala de Situaciones de la Casa Blanca para mantener el encuentro clave.

En la pantalla detrás de Netanyahu aparecían David Barnea, director del Mossad, el servicio de inteligencia exterior de Israel, y oficiales militares israelíes.

Del lado de EE.UU. estaban Trump, Susie Wiles (jefa de Gabinete de la Casa Blanca), Marco Rubio (secretario de Estado), Pete Hegseth (secretario de Defensa), el general Dan Caine (presidente del Estado Mayor Conjunto), John Ratcliffe (director de la CIA), Jared Kushner (yerno del presidente) y Steve Witkoff (negociador de Trump con Irán).

En la reunión de una hora, Netanyahu realizó una exposición con filminas y videos para convencer a Trump de que una misión conjunta entre EE.UU. e Israel podría finalmente poner fin al régimen de la República Islámica.

 

El hijo del último sha, Reza Pahlavi, al poder

En la presentación les mostró quiénes podrían ser los sucesores de Ali Jamenei, mencionando a Reza Pahlavi, el hijo exiliado en Norteamérica del último sha de Irán.

Mencionó cuatro pasos para que la operación sea exitosa: matar al líder de Irán, destruir por completo su capacidad misilística (por lo que no podrían atacar otras posiciones ni afectar el Estrecho de Ormuz), apoyar a quienes protestaban contra el régimen (incluso fomentar disturbios y rebelión empujadas por espías israelíes) y apoyar a combatientes kurdos iraníes para que crucen la frontera desde Irak para atacar al régimen.

Al final de la exposición, Trump dijo: “Suena bien. Me gusta”.

 Los funcionarios de EE.UU. le preguntaron a Netanyahu sobre los posibles riesgos de la operación y el primer ministro los reconoció, pero señaló que los peligros eran mayores si Irán tenía más tiempo para acelerar la producción de misiles y blindar su programa nuclear.

Al otro día, el 12 de febrero, los funcionarios estadounidenses se reunieron con Trump en la Sala de Crisis para alertarle sobre las fallas del plan israelí.

Dividieron su presentación en cuatro partes: la primera era la decapitación: el asesinato del ayatolá. La segunda, debilitar la capacidad de Irán para proyectar poder y amenazar a sus vecinos. La tercera, un levantamiento popular dentro de Irán. Y la cuarta, un cambio de régimen, con la instalación de un líder laico para gobernar el país.

Los funcionarios estadounidenses consideraron que los dos primeros objetivos eran alcanzables con la inteligencia y el poder militar de Estados Unidos. Pero los otros dos eran inalcanzables.

Ratcliffe, el director de la CIA, le dijo a Trump que los escenarios de cambio de régimen del primer ministro israelí eran “ridículos”.

El secretario de Estado, Rubio, agregó: “En otras palabras, es una tontería”.

El general Caine señaló: “Señor, en mi experiencia, este es el procedimiento habitual de los israelíes. Prometen más de lo que pueden cumplir y sus planes no siempre están bien elaborados. Saben que nos necesitan, y por eso insisten tanto en convencernos”. Además, planteó que una guerra larga podría agotar las reservas de armamento estadounidense y sus dudas sobre qué pasaría en el Estrecho de Ormuz.

Dentro del Gabinete, el secretario de Defensa, Hegseth, era el principal defensor de una campaña militar contra Irán.

La jefa de Gabinete, Wiles, planteó sus inquietudes sobre las posibles consecuencias de un nuevo conflicto en el extranjero, con vista a las elecciones de noviembre, y el potencial aumento de los precios de la gasolina.

El vicepresidente Vance fue el que más se opuso a la guerra: le dijo a Trump que una guerra para derrocar al régimen iraní sería un “desastre”. Además de una “enorme pérdida de recursos, sumamente costosa”, y alertó sobre lo que podía pasar con Ormuz. Pero le aclaró que, si él iba a la guerra, lo iba a apoyar.

Pese a los consejos de su equipo, Trump ya había decidido ir a la guerra.

En los últimos días de febrero recibieron la información de inteligencia de que el ayatolá se reuniría con otros altos funcionarios del régimen. Y eso aceleró los tiempos.

La negativa de Irán -en las negociaciones de Ginebra- de recibir combustible nuclear gratuito para abandonar el enriquecimiento de uranio los terminó de convencer, ya que creyeron que las autoridades persas querían avanzar en el desarrollo de armas atómicas.

El jueves 26 de febrero, alrededor de las 5 de la tarde, se dio comienzo a la última reunión de la Sala de Situaciones. Las posturas de todos estaban claras. La discusión duraría aproximadamente una hora y media.

A los que pusieron reparos se sumó Steven Cheung, director de Comunicaciones de la Casa Blanca, quien planteó las probables repercusiones negativas en la opinión pública, porque Trump se había postulado para el cargo oponiéndose a nuevas guerras y que un nuevo ataque contra Irán contradecía lo expuesto en junio de 2025 (durante la “Guerra de los 12 días”), cuando se señaló que las instalaciones nucleares y misilísticas iraníes habían sido completamente destruidas.

 

“Creo que debemos hacerlo”

El presidente Trump desoyó todas las prevenciones y opiniones en contra y se aferró a que los dos primeros objetivos sí podrían cumplirse (matar al líder Jamenei y destruir los misiles iraníes) y lanzó: “Creo que debemos hacerlo”.

El 27 de febrero, a bordo del Air Force One, Trump envió la siguiente orden: “La Operación Furia Épica está aprobada. No se permiten abortos. Buena suerte”.

Y así, el 28 de febrero comenzó la guerra. Una guerra que ya dejó cerca de 4.000 muertos, destrucción en una veintena de países (en especial en Irán y el Líbano) y una crisis económica mundial sin precedentes. Con una disparada del precio del barril de petróleo fenomenal y un encarecimiento de la energía como pocas veces se ha visto. Todo, después de aquella reunión del 11 de febrero en la que Benjamín Netanyahu convenció a Donald Trump de lanzarse a esta incierta “aventura”, pese a todas las recomendaciones en contra. Esta es la historia secreta -hoy revelada- de cómo se gestó la guerra que mantiene en vilo al mundo entero.