Segundo encuentro de la Comunidad
La memoria de Cárcano para mirar el futuro
Los descendientes del ilustre vecino, más el Funesil, INTA y allegados, impulsan citas con la historia y el arraigo de los pequeños pueblosLa peregrinación fue primero. Llegar al pueblo, ese paraje de la historia que cobija todavía capítulos contra el desarraigo. Descubrir el caserío en un entorno rural donde el tiempo parece que se detiene. Paz, tranquilidad y una familia que vuelve a sus raíces e invita a volver.
Dejar el vehículo y encontrarse con un grupo de estudiantes que invitan torta y un chocolate caliente. El sol acompaña la jornada, otra vez, como sabiendo de la reunión, el Segundo Encuentro de la Comunidad Ramón J. Cárcano.
Unos metros más y la tranquera del predio de la capilla Santa Ana están abiertas. Los visitantes posan para la foto. El templo está colmado con apenas 50 personas, toda su capacidad. Afuera, las sillas se van ocupando y los abanderados de escuelas de la zona se preparan para el acto homenaje. Adentro, el sacerdote Diego Zandrino celebra la misa de acción de gracias acompañado por el diácono Pedro Olmedo. En los primeros bancos se ubicaron los descendientes de quien fuera dos veces gobernador de la provincia de Córdoba: Anne Marie Ward Cárcano (hija de Baby o Stella) y su esposo, Fernando González Florenzano; también el primo de la heredera de la Estancia “Ana María”, Carlos Cárcano (hijo de Michael y nieto de Miguel) con toda su familia, quienes están a cargo de la propiedad familiar de Ascochinga.

Afuera, las fotos de quienes van llegando al lugar por primera vez siguen marcando el ritmo, con asombro, frente a la arquitectura neogótica de la capilla y su espadaña, donde cuelgan las campanas, más características de las pequeñas capillas del norte argentino.
Al final del acto religioso continuó el homenaje en el marco del 80 aniversario del fallecimiento de Ramón J. Cárcano, con las banderas y sus portadores de las escuelas “Ana Zumarán”, locales, y de la escuela Juan Pedro de Esnaola, de la localidad de Ana Zumarán, además de los distintos niveles educativos de La Santísima Trinidad y Funesil.
En el palco, la conductora del acto, Analía Margiaría, dio paso a Anne Marie para dar la bienvenida a los presentes, agradecer a los municipios de Ballesteros y Ana Zumarán por el acompañamiento, además de remarcar el valor de la ESIL (Escuela Superior Integral de Lechería de Villa María), que de la mano de sus directivos y referentes del INTA Villa María llevan adelante el tambo robotizado en el paraje y apuntalan, de esa manera, el resurgir de esta comunidad. Por último, la bisnieta recordó a Ramón J. Cárcano y celebró que un nuevo vecino se radicara en el lugar, además del reciente nacimiento de Alina, hija de Vero y Horacio, a quienes abrazó más tarde.
En las palabras le sucedió el invitado historiador Roberto Elissalde, quien conoce y sigue desde hace mucho tiempo la historia de quien adquiriera estas tierras (1886), “porque sabía leer muy bien los partes de batalla y sabía que allí había buenos pastos”, e inaugurar pronto el casco de la estancia “Ana María”, lugar que eligió para retirarse de la política, pero que con la muerte de su Anita (Zumarán) volvió al ruedo, según repasó. Elissalde aportó al encuentro de ayer el censo de 1895, que registró 150 residentes y donde Ramón J. Cárcano se declaró de profesión “agricultor”. Decenas de vecinos fueron en su búsqueda en el salón comunitario a la hora del almuerzo.
El homenaje contó con delicadas y sentidas zambas a cargo de profesores bailarines de la Agrupación Folclórica Villa María, que dio paso al descubrimiento de un cartel que será posta de información para quienes se lleguen hasta el acceso del predio de la iglesia.
La multitud que ayer visitó Cárcano se fue trasladando hasta el predio del INTA-ESIL para la apertura de un torneo de fútbol infantil, donde la pelota volvió a alegrar a niños de Ballesteros, de la escuela Trinitarios, algunos que llegaron desde Monte Leña y los locales, que además obsequiaron camisetas a Anne Marie y a su pareja, con sus nombres. León, tataranieto de Ramón, fue quien dio el puntapié inicial.
Minutos más tarde, el público se ubicó frente al salón, ese mojón de la Liga Contra el Aburrimiento que fundara el ilustre vecino que da nombre al paraje. En la verde explanada, un grupo de pequeños bailarines regalaron coloridos cuadros de danzas y las puertas se abrieron para la exposición de fotografías, afiches, recortes de diarios y documentos que encastran en la historia que se repasa en cada uno de estos encuentros. En diagonal, un patio de comidas recibió a los visitantes y, tras una pausa, Juntos Folk interpretó temas del cancionero popular, esos que cuentan historias de la gente de los pueblos, de amores y de pueblos, que la historia siempre busca rescatar.
