Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas - Rubén Mendoza, de Ballesteros, fue a la guerra como voluntario
“Ahí está el futuro”
Rubén Mendoza (foto) se baja de su chata rural, esa con la que diariamente va de su casa en Ballesteros Sud al campo, o llega a Ballesteros Norte para hacer trámites y visitar amigos. Es el mismo muchacho clase 62 que fue a la guerra y pudo volver.
“Como me tocó número alto, iba a la Marina seguro… Pasé la revisación en Río Cuarto y de ahí nos mandaron a la concentración a Pereyra Iraola, cerca de La Plata. Ahí estuvimos tres meses y hubo tres destinos: Comodoro Rivadavia, Punta Indio y Río Grande. Me tocó Río Grande y cuando llegamos no había conflicto todavía. Y como yo tenía conocimiento de mecánica, fui a parar al taller con dos chubutenses. Había más de 80 camiones que se habían comprado a Chile en el 78 y que los militares quisieron poner en marcha. Estaban impecables, pero sin uso”.
-¿Pensaste que serían para la guerra?
-No sabíamos. De hecho, todavía no se hablaba de guerra. Pero un suboficial que era como un padre para nosotros, Ponce, nos cuenta que se estaba viniendo un problema. Hasta que un día nos dice: ‘Muchachos, ¿alguno quiere ir? Es una guerra y es en las Islas Malvinas, espero que no tengan miedo’. Y yo le dije que sí. A los 19 años, no le tenía miedo a nada.
-¿Fuiste a Malvinas como voluntario?
-Totalmente. Y una vez allá, me designaron un camión. Tenía que mover armas, alimentos y servicios todos los días. También podía hacer de ambulancia y traer heridos; lo que hiciera falta. Éramos como un Hércules, pero por tierra…
-O sea que no te tocaron las armas…
-No, no estuve en la parte bélica, sino en la de servicios;?llevaba comida a los del frente. Al principio estaba todo tranquilo, porque podías andar a cualquier hora por las islas. Pero después empezaron los bombardeos. Ellos tenían mucha tecnología y tuvimos que manejar de noche. Igual, levantábamos la perdiz con las luces y hubo que manejar al oscuro. Por suerte conseguimos un visor nocturno, pero no paraban de bombardearte; desde que salíamos de la punta de la bahía hasta que llegábamos a destino. Todo el tiempo y a lo largo de 20 kilómetros.
-¿Qué llevabas exactamente?
-Casi siempre iba con tres ollas de campaña de 60 litros cada una. Las llevaba llenas y las traía vacías. Una cosa era bajarlas con todo el tiempo del mundo y otra muy distinta era hacerlo en tiempo récord por los bombardeos. Así también me quedó la espalda (risas), pero la cosa mejoró cuando cambiamos el camión. Nos dimos cuenta de que corríamos peligro porque era un vehículo muy lento y pesado; y el camino, muy angosto. Así que un día le pedí al suboficial que consiguiéramos algo más chico. Fuimos al pueblo y encontramos un Jeep inglés que había quedado varado. Pedimos permiso a la comandancia y nos dijeron que sí. Al tener casi todo el camino entre cerros bajos, con el Jeep me podía parapetar y hacer mejores maniobras. Y lo usé hasta el último día.
-¿No cruzabas a nadie en el camino?
-No. Pero una noche, con el visor nocturno, vi a dos ‘guardaganado’ que salían corriendo. No eran de nuestra tropa y algo habían dejado en la orilla. A la vuelta me bajé y lo vi; habían puesto una hermosa bomba. La fuimos a ver al día siguiente, pero no la tocamos. Yo le pasaba al lado todas las noches. Se ve que, si la pisabas, te hacía volar, pero bueno, acá estoy.
-¿Cuánto tiempo estuviste en las islas?
-Fueron 76 días, desde antes del 2 de abril. Estábamos a 3 kilómetros de Puerto Argentino, en frente de donde vivía el comandante inglés, en un lugar que se llamaba la Casa Amarilla.
-¿Un momento que recordés?
-El día del hundimiento del Belgrano. Lo supimos al instante por la radio. Eso enardeció la tropa porque el crucero no tenía nada que ver; llevaba ayuda y no armas. Todavía no lo puedo entender.
-¿Y la rendición?
-Yo pertenecía al BIN 5 (Batallón de Infantería de Marina) de Río Grande, pero no nos rendimos todavía. Solo nos replegamos hacia el pueblo. Después nos sacaron las armas, nos llevaron al galpón del puerto y nos encerraron cinco días. Pero rendirnos, no nos rendimos nunca; ni nosotros ni nuestros jefes”.
-¿Qué pensás de la causa Malvinas hoy?
-Hace rato que hay malas políticas. El Gobierno de Alfonsín nos negó y nos tuvimos que esconder. Con Menem tuvimos una pensión, pero recién nos empezaron a convocar para dar charlas en los últimos diez años. El actual Gobierno está haciendo un desastre, les está entregando todo a los ingleses, que no solo no respetan las 200 millas de distancia, sino que ahora se están metiendo en el continente. Estoy en un grupo de Río Grande y siempre me pasan información fresca.
Los ingleses fueron siempre nuestros enemigos y lo van a seguir siendo. Y la base norteamericana en Ushuaia es un peligro. El mundo se está destruyendo y ellos se están viniendo acá. Eso es porque en Malvinas está el futuro del mundo… El agua dulce, el gas, el petróleo, los hielos....
