Día del Repuestero - Embragues Villa María - Una historia interesante que dio sus frutos

Del oficio al mostrador: un repuestero que creció con el trabajo constante

Jorge Martín López aprendió sobre la venta de embragues y luego pudo abrir su propio negocio. Lleva 16 años con muchos clientes

Jorge Martín López tiene 48 años, pero su historia en el rubro arranca mucho antes de abrir su propio local. Como tantos en este oficio, su camino empezó desde abajo, aprendiendo en el mostrador y ganándose la confianza de clientes y proveedores con algo que no se compra: constancia.

Hace casi tres décadas que está en la actividad. En 2010 dio el salto: dejó su trabajo en una casa de embragues, donde había pasado 16 años, y decidió apostar por lo propio. No fue una decisión improvisada. Había experiencia, algunos ahorros y, sobre todo, el respaldo de quienes ya lo conocían en el rubro. “Me apoyaron mucho los proveedores, me mandaban mercadería sin titubear. Querían que abra un negocio de embragues en Villa María”, recuerda.

Así empezó todo. Viajó a Buenos Aires junto a otros repuesteros, compró mercadería, invirtió en maquinaria -incluida una rectificadora- y abrió las puertas. Sin publicidad, sin grandes anuncios, pero con algo clave: una clientela que ya lo conocía. “Desde el primer día, la aceptación fue muy buena. Los clientes empezaron a venir solos, los mecánicos también”.

Los primeros años fueron intensos. Durante casi dos años trabajó para acomodar las cuentas y saldar deudas. Después llegó una etapa de crecimiento, en un contexto económico que acompañaba. El negocio empezó a consolidarse y a encontrar su lugar.

Con el tiempo, el proyecto también se volvió familiar. Hace cinco años, su hermano se sumó como socio. Ambos venían de la misma experiencia previa, lo que permitió fortalecer el trabajo y ampliar la estructura. “Crecimos, llegamos a tener bastante gente. Fue un proceso muy lindo”, resume.

Hoy, la realidad es distinta. El sector no atraviesa su mejor momento y eso se siente en el día a día. “El rubro está caído. Estamos trabajando, pero no como antes. Hoy, el fuerte es el campo y el transporte. El campo nunca nos dio la espalda”, explica. En un contexto donde el poder adquisitivo se resiente, el mantenimiento del vehículo suele postergarse. “La gente no tiene plata y lo último que hace es arreglar el auto”.

Sin embargo, hay algo que mantiene en pie la actividad: su carácter esencial. “El embrague y los frenos son fundamentales. Podés estirar otras cosas, pero eso no”, dice con claridad. En ese equilibrio entre venta y reparación, el oficio sigue encontrando su lugar.

Otro de los cambios que impacta es la apertura de importaciones. La llegada de productos más económicos modifica la lógica del negocio. “Entraron embragues más baratos. Eso nos obligó también a adaptarnos. Hoy, incluso importamos directamente desde China para poder tener mejor margen”, cuenta. Una decisión que refleja hacia dónde se está moviendo el sector.

Más allá del contexto, López tiene en claro cuál es el desafío: sostenerse. “Hoy, la clave es mantenerse vigente, atender bien, cumplir con la gente. Siempre tratar de mejorar”. Y en eso, asegura, está una de sus fortalezas. “Trabajamos bien, con buenos precios y buena atención. La gente vuelve por eso. Nos conocen, hay confianza”.

Ubicado en calle Mendoza 1648, su negocio es parte de la dinámica diaria de la ciudad. Un espacio donde el vínculo con el cliente sigue siendo central, incluso en tiempos donde la tecnología empieza a transformar el rubro.

Mirando hacia adelante, no esquiva el análisis. Cree que el sector va camino a un modelo cada vez más ligado a la importación, en un contexto donde la industria nacional pierde terreno. Pero, aun así, elige una mirada realista y firme: seguir.

En el marco del Día del Repuestero deja un mensaje simple y directo, de esos que nacen de la experiencia: “Un saludo grande a todos los colegas de Villa María. Hay que seguir dándole para adelante, con los pies sobre la tierra. Hoy es momento de subsistir, esperando que la situación mejore. Un abrazo grande y a aguantar”.