Día del Repuestero - Tito Zamboni Repuestos mantiene el legado

Historia de vigencia en la Villa

La casa de venta de repuestos nació en 1976, con Tito Zamboni. Hoy es manejada por dos de sus primeros trabajadores. Uno de ellos, José Cortece, cuenta los cambios que se dieron desde los primeros años hasta hoy

Hay negocios que venden piezas, y hay otros que sostienen historias. José Cortece lo cuenta sin vueltas: lo suyo es un poco de las dos cosas.

"Tito Zamboni Repuestos nació en 1976, de la mano de Don Tito Zamboni, en una época donde el oficio tenía otro ritmo, otro pulso". A comienzos de los 80, José entró como primer empleado. Después se sumó su hermano Mariano. Y con los años, lo que empezó como un trabajo se transformó en legado: ambos terminaron al frente del negocio, continuando una historia que ya es parte del ADN comercial de la ciudad.

Hoy, los hermanos Cortece llevan adelante el local ubicado en bulevar España 259, con un equipo que, como dicen ellos, “es de fierro”. A la estructura familiar se suman nuevas generaciones y roles: Leonardo, hijo de José, en la administración; Lautaro, en ventas; Sergio, empujando el canal online y WhatsApp; y Esteban, firme en el mostrador. Una mezcla de experiencia y adaptación que explica por qué siguen creciendo año a año.

"El rubro tiene lo suyo", cuenta. "Somos especializados en repuestos para Peugeot y Citroën -tanto originales como alternativos-, también trabajamos con una amplia línea de productos de goma: mangueras, burletes, soportes, alfombras...", nos comparte con orgullo. Pero más allá del catálogo, lo que cambió radicalmente es el contexto.

José lo grafica con una imagen clara: “Pasamos del platino y condensador a algunos autos con fibra óptica”. No es solo una frase; es el resumen de una transformación profunda.

"Antes, el stock era amplio porque los modelos eran pocos. Hoy, la diversidad del mercado obliga a una lógica más ajustada, más dinámica. Y si el cambio tecnológico fue fuerte, el económico no se queda atrás. Mantener un comercio abierto no es tarea sencilla: costos altos, competencia creciente -no solo local, sino también digital- y un escenario que obliga a reinventarse constantemente", remarca.

Aun así, encuentran margen para competir, apoyados en precios más estables y en una estructura que supo aggiornarse a tiempo.

No hay épica vacía en el relato. Hay trabajo sostenido, adaptación y una idea clara: seguir vigentes. Conocen el paño desde la década del 80 y eso significa confianza.

En el cierre, dejá un mensaje: "Un saludo a los colegas repuesteros en su día y un agradecimiento sincero a clientes y proveedores, esos que hacen posible que, casi 50 años después, la persiana siga levantándose todos los días".

Porque al final, en negocios como este, no se trata solo de repuestos. Se trata de confianza. Y esa no se reemplaza tan fácil.