Una historia de buena fe de un vecino se agravó y quedó marcada por la falta de compromiso ajeno
Una donación histórica terminó en escándalo y en la Justicia
La familia del recordado Ariel Zucotti había donado a la Iglesia Pentecostal de Santidad un gran predio para un centro de rehabilitación contra las adicciones en 2012. El espacio se inauguró diez años después con bombos y platillos, pero se usó para otros fines. Los herederos se movieron hasta recuperar los terrenos
?Ariel Zucotti era un joven exfuncionario municipal de Villa María cuando, en un proceso judicial en su contra, declaró abiertamente su adicción a las drogas, en 2012.
Ese flagelo que viven cientos de familias en la ciudad, en la zona y en el mundo caló hondo en su papá, José Luis Zucotti, quien nunca se quedó quieto e intentó ayudar a su hijo con algo más que palabras.
En esa búsqueda constante, el hombre conoció a Osvaldo Sayno, pastor de la Iglesia Pentecostal de Santidad, quien contaba siempre cómo afrontaba la recuperación de personas con consumos problemáticos en el país y en el exterior.
Convencido de que se abría una puerta necesaria para su causa, Zucotti se entusiasmó y tomó una decisión del corazón para avanzar con un problema que sufrió mucho en el seno familiar. Entonces donó gran parte de sus tierras en Villa Nueva para que dicha iglesia creara, junto al municipio de esa ciudad, el primer centro de rehabilitación de personas con adicciones a las drogas.
En septiembre del aquel 2012, el pastor Sayno tomó posesión de las tierras y le contó a elDiario su ambicioso proyecto:?construir, primero, dos dormitorios para doce personas cada uno, baños y un Salón de Usos Múltiples, para luego ampliar y avanzar con un espacio inédito de ese tipo en toda la zona.
El predio, de 3.270 metros, ya tenía 198 metros cubiertos. Se encuentra a seis cuadras del cruce entre ruta 2 y ruta 4, en el barrio denominado Villa Tranquila, donde se escuchan mejor los pájaros que el paso de los autos, para hacerle honor a su nombre.
Con aporte municipal
Sayno contaba por entonces -hace ya 14 años- que el intendente Guillermo Cavagnero “demostró predisposición” para su proyecto, por lo que el municipio se comprometía a donar 4 mil ladrillos.
Poco antes, en junio del mismo 2012, se resolvía mediante ordenanza eximir a la Iglesia Pentecostal de Santidad de la Tasa de Servicio a la Propiedad, no solo del predio, sino también del espacio donde se encuentra el templo, en calle Saavedra.
Meses después, en tanto, el Concejo Deliberante aprobaba el decreto que le otorgaba a la iglesia $4.600 para colaborar con la construcción.
El municipio, por entonces, se encontraba en Emergencia Económica, por lo que solo podía hacer ese aporte que, en ese momento, representaba cerca de mil dólares.
En ese contexto, cuando el pastor tomó posesión de la donación, hablaba de la importancia de “sanar el alma”.
“El adicto tiene un problema en el alma, más que físico. La iglesia está trabajando en la problemática en diversos países. En Paraguay existe una gran actividad espiritual. El problema está en el alma y hay que sanarla”, aseguró entonces. Y siguió:?“Hay que darle la importancia al alma que se merece. En Paraguay tenemos un alto porcentaje de personas adictas que se han recuperado”, pero “en Argentina eso no ocurre y lo digo porque tengo gran interés por estas cosas”.
Con esa premisa, la ayuda permanente de los fieles de la iglesia, el entusiasmo de la familia Zucotti y el guiño positivo del municipio, el Centro de Rehabilitación parecía tener un futuro enorme que resultaba más que necesario en Villa Nueva y la región.
La inquietud
La familia Zucotti se acercó desde entonces al predio para observar el avance de la obra y el movimiento de gente. Pero en un momento todo se convirtió en inquietud.
A?José le hubiese gustado ver personas recuperadas en el lugar, pero durante un par de años no percibió que su donación tomara el camino exitoso.
Don Zucotti murió el 28 de agosto de 2016, cuatro años después de su gran gesto.
Meses después, el 15 de enero de 2017, en Venezuela, falleció su hijo Ariel, en un accidente automovilístico.
En medio del dolor, pocos políticos se acercaron a brindar el pésame, aunque Ariel había sido un “compañero” y funcionario en Villa María, y aunque el predio de los Zucotti había sido donado para generar un espacio tan valioso como un centro de tratamiento contra las adicciones, el primero de la zona.
La preocupación
Los hijos de José, que viven a escasos metros del predio, no quisieron que el legado de su padre se perdiera y continuaron con la actitud de impulsar el centro, que -a cinco años de la donación- todavía no se abría oficialmente.
Cecilia Zucotti contó que “en el predio vivió un chico con problemas de adicciones, pero nunca se recuperó. Después vino otro, que trabajó en el lugar, pero eso no se movía, no andaba. Después empezaron a llegar familias de la iglesia y del pastor, pero se veía que, como centro de rehabilitación, el lugar no se estaba utilizando”.
“Incluso, les recomendé a un psiquiatra y a otros profesionales como médicos y terapeutas, pero nunca les interesó”, agregó la hija de José.
Después llegó la pandemia, el parate generalizado, la nada misma, y los tiempos se dilataron.
La inauguración
En 2022 se cumplía el plazo estipulado en la donación para activar el predio.
Lo sabía muy bien la conducción de la iglesia y lo entendía también el intendente Natalio Graglia, quien se interesó en el caso y encabezó la inauguración el 26 de marzo, tres meses antes de que se venciera el plazo de diez años desde la donación de José Zucotti.
La placa de inauguración dejaba grabado el nombre:?“Solares del Alma”, un “Centro de Atención al Consumo Problemático”, que funcionaba en la órbita de la Secretaría de Desarrollo Social.
Junto al nombre de Graglia figuraba Humberto Fernández, el pastor ministro ordenado de la Iglesia Pentecostal de la Sanidad. Y debajo de los nombres, la icónica frase de Eva Perón:?“Donde existe una necesidad, nace un derecho”.
La acción
Cecilia Zucotti reflexiona hoy que esa inauguración “sirvió solo para Graglia”, porque “no se hizo nada de lo que se debía hacer”.
La familia vio que el espacio siguió con jornadas de fiesta, reuniones de la iglesia y otras actividades lejanas a la recuperación de un adicto.
El cansancio se transformó en acción, pero no fue fácil.
“No había abogados que quisieran agarrar el caso”, confesó Cecilia, hasta que, finalmente, los letrados Eduardo Menard y Gonzalo Villalba se hicieron cargo del desafío de hacer una “revocación de donación”.
“Tuvimos que ir al predio con una escribana para certificar que no había ningún centro de rehabilitación”, recordó Cecilia.
La Justicia finalmente falló a favor de la familia, la Iglesia apeló y la Cámara resolvió también hacia los Zucotti.
El miércoles pasado (28 de mayo), finalmente, la familia recuperó oficialmente el predio y pudo ingresar ante un portón dañado.
“Entregaron el establecimiento en un estado de abandono terrible, todo abierto, todo roto. Aquí nunca se llevó a cabo la acción para lo que fue donado”, contó Diego, otro integrante de la familia.
Cecilia lamentó que “la Iglesia quiso cobrar por lo edificado, pero no hay construcción terminada. Dejaron venir todo abajo, dejaron caer todo”.
La mujer, a raíz de lo que le pasó también a su hermano Ariel, siempre se interiorizó sobre el tema y fue hablando con personas adictas por la ciudad, informándose sobre la dura realidad que sigue creciendo.
“Ni a los intendentes de antes ni al intendente actual... A ningún dirigente político le interesó el centro, si no, hubieran visto la manera de hacer algo”, reflexionó.
Gonzalo Villalba, abogado - “Nos llamó la atención la historia de la familia”
Gonzalo Villalba (foto), quien -junto a Eduardo Menard- llevó adelante el pedido de revocación de donación de la familia Zucotti, reconoció que, “para cualquier estudio, revocar una donación de diez años, con gente viviendo, no es muy motivamente, mucho menos porque que no tenían para afrontar las tasas de Justicia”.
“Pero la verdad es que nos llamó la atención la historia de la familia, qué fue lo que lo llevó al padre de Ariel a donar esos terrenos”, recalcó el letrado, mostrando, incluso, una carta escrita a mano por Cecilia en la que le contaba todo el periplo que debió atravesar.
Villalba aclaró que en la escritura se “pusieron dos condiciones:?que el lugar sea destinado a un centro de retiro y a un centro de rehabilitación de problemas de adicciones. Y que se debía hacer en un plazo de diez años”.
“Cuando me vienen a ver desde la familia, en 2023, habían pasado los 10 años, y me dijeron que construyeron algo, pero ahí vivía la familia de pastor, juegan al fútbol, a las bochas, con el agravante de que la familia Zucotti vive a pocos metros, veía todo”, remarcó.
“Estudiamos bien la situación, enviamos una escribana y presentamos la demanda de revocación de donación”, añadió.
El letrado contó que “desde la Iglesia se sostenía que la condición era construir y, en ese sentido, hay algo construido. Pero es obvio que, si la familia lo donó, es para que funcione como centro de rehabilitación”.
“El señor Zucotti murió y se quedó con esa espina. Encima, la familia no tiene mil terrenos de esos. Había donado gran parte de su patrimonio”, expresó.El abogado destacó también que se aceleró con una demanda tramitada con un procedimiento oral.
“Salió el fallo de primera instancia que ordenó devolver el terreno; después, la Iglesia apeló ante la Cámara de Villa María, que volvió a fallar a favor de la familia”, afirmó Villalba.
