Militante de la vida

Magalí Castro

domingo, 11 de agosto de 2019 · 20:02

Nació en Villa María, pero la casa de la infancia/juventud (la de sus padres) está en Villa Nueva y de allí se reconoce.

A los 24 años se mudó al barrio San Nicolás de Villa María, donde participaba desde la adolescencia en una tarea de acción social que había instalado la Iglesia Evangélica. Y ahí mismo fundó con amigos, en la que era su casa, el centro comunitario “Pinceladas”. Hoy vive en el San Martín, a unas cuadras del lugar, que funciona todos los días a base de voluntariado y militancia, para grandes y chicos, con actividades artístico-culturales, educativas y recreativas.

Es trabajadora social, egresada del Inescer y, como tal, delegada regional del colegio de profesionales de la provincia.

El canto aparece cuando el grito no es bastante, como dice Benedetti, y a ella le apareció por eso mismo. Forma parte de La Cantarola, conjunto vocal femenino, que recupera repertorios con base en las mujeres y el folclore latinoamericano.

Fue concejal en Villa Nueva, y sobre esa etapa dice: “Fue una pequeña parte de mi militancia que me permitió asomar a la vida institucional y a la partidaria”. Después, canta la justa: “La militancia política empezó mucho antes, y no termina nunca...”

Y se juega nuestro ping pong.

 

-Un lugar en el mundo.

-Las sierras de Córdoba. En su defecto, un rincón de mi patio con sol.

 

-Un lugar en las sierras.

-El  río. Una olla (o pocito) de agua dulce y helada.

 

-Un libro entre todos los libros.

-Hay algunos que se destacan en distintos momentos de la vida. Un libro para leer hoy, un libro necesario para repasar la historia reciente y pensar el futuro que queremos es “Sinceramente”, de CFK. Y luego, tener a mano un buen libro o portal o antro de poesía. Yo me alimento a diario del muro de la profe Silvia Giambroni.

 

-Una película.

-“Esperando la carroza”, para volver a ver siempre; “Ciudad de Dios”, entre las películas que te plantan los pies en la tierra; y “Coco” y todas las pelis de Pixar, de una belleza inconmensurable.

 

-Una canción.

-Tengo una rocola en la cabeza. Por mencionar algunas que me conmueven: “Me gritaron negra”, de Victoria Santa Cruz (Perú); “Construcción”, de Chico Buarque (Brasil); “El otro país”, de Teresa Parodi…

 

-Un(a) maestro(a) en la vida.

-Mi nona Rosita. Mi mamá (Lila) y mi papá (Kico). Maestros del amor, del compromiso, la constancia, el trabajo, la empatía, la lucha. Del arte y la fe.

 

-Un día en la vida. 

-Los nacimientos de mis sobrinos y sobrinas. 

 

-Un sueño.

-Uno bien pequeño y posible, que los chicos y chicas de (mi) barrio tengan las mismas oportunidades que yo. Que crezcan cuidados, que nos les falte abrigo y comida, que puedan acceder al estudio, al trabajo... Que el amor venza al odio. Como expresión política y de fe en la humanidad. Que liberen a Milagro.

 

-Un deporte

-Ni uno. El ping pong me divierte, pero nivel 1.

 

-Un club.

-Belgrano de Córdoba, por mandato de mi hermano mayor. Desde hace un tiempo los banco con más entusiasmo por las declaraciones contra la violencia machista.

 

-Una comida.

-Los canelones de mi madre y los ñoquis de mi compañero (y sus infalibles empanadas santiagueñas).

 

-Una bebida.

-El vino tinto.

 

-Un restaurante.

-Jorgito.

 

-Un árbol.

-El paraíso. Frondoso, fácil de trepar y generoso proveedor de bumbulas. 

 

-Un animal para acariciar.

-Mis perros, primero, y luego todos los perros del camino.

 

-Un personaje histórico.

-Juana Azurduy y Evita. Abrieron camino a una patria para todxs.

 

-Un político.

-Soy de la generación que vivió la recuperación de la política como herramienta de transformación de la mano de Néstor. El es la mayor y más conmovedora figura política de mi tiempo. Y hoy, Cristina, por su fuerza, inteligencia, visión y amor por el pueblo.

 

-La mayor satisfacción.

-Los frutos del trabajo y la lucha.

 

-La mayor tristeza. 

-La injusticia, la muerte.

 

-Una frase, un refrán, un poema.

Yo, como tú,

amo el amor, la vida, el dulce 

encanto de las cosas, el paisaje

celeste de los días de enero.

 

También mi sangre bulle

y río por los ojos

que han conocido 

el brote de las lágrimas.

 

Creo que el mundo 

es bello,

que la poesía es como el pan, 

de todos.

 

Y que mis venas no terminan en mí

sino en la sangre unánime

de los que luchan por la vida,

el amor,

las cosas,

el paisaje y el pan,

la poesía de todos.

Roque Dalton

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