Aniversario Villa Nueva

¡Qué moto que tengo!

lunes, 7 de octubre de 2019 · 17:53

La idea era perfecta y realmente funcionó a las mil maravillas. El hombre consiguió unir el motor de una cosechadora con un ciclomotor de 70 centímetros cúbicos y estaba preparado para volver a Villa Nueva. Eso sí, el resultado lo sorprendería más adelante.

Tras darle la primera patada, notó que arrancó sin ningún problema y, como quien se sube a un corcel, partió por la ruta 2 mientras los pájaros iban anunciando su llegada. Sí. Las aves no podían aguantar tal sonido y volaban despavoridas.  Ahora, había que llegar.

En cuestión de minutos estaba llegando a la ciudad mientras todos los presentes bajo el sol del mediodía daban vuelta su cabeza para poder divisar desde donde llegaba ese estruendo atroz.

El llegar al primer semáforo mantuvo acelerado el vehículo con el fin de que no se detuviera jamás. Allí fue cuando más se sintió observado, eso le molestó un poco, pero no lo suficiente como para interrumpir su destino.

Ya en el segundo semáforo, más adentrado en la ciudad, la cuestión fue más bien diferente. Algunos le levantaban las manos, otros señalaban aquel “injerto”. El, como regodeándose de su ingenio, los saludó con un pulgar arriba.

Ya en el tercero, la tónica fue mucho más destacada. Otros le gritaban, unos hablaban con otros y señalaban. Pero él no oía.

-¡Qué moto que tengo! – se dijo a sí mismo aunque no llegó a oírse.

Ya en el cuarto y último semáforo la cuestión fue distinta. El desenlace sería casi fatal.

Con el pecho bien inflado como una paloma torcaza, se detuvo ya en la cuarta señalética pensando en que por fin llegaría y tomaría alguna bebida fresca.

Allí fue cuando se dio cuenta. Un calor abrasador comenzó a emerger desde abajo y le invadió una de sus piernas. La derecha.

Al mirar hacia abajo la sorpresa fue mayúscula: había fuego. ¡Sí! ¡fuego!

Todos le fueron avisando, varios le advirtieron y lo pusieron en sobreaviso. Aún así, su alegría y su ego pudieron más.

Bajó del ciclomotor y corrió despavorido hacia la casa de un amigo.

Al volver ya era tarde, un grupo de fierros carbonizados quedaron apoyados (varios días) en un semáforo de avenida Libertad.

 

¡Paren todo! ¿Dónde está mi bicicleta?

Las calles de la ciudad pueden testificar la cantidad de personajes e íconos que son amantes de la música. De formar una banda o un grupo y presentar sus destrezas. Pero aquí, en este apartado emerge otra cuestión cercana a los años 80 en el patio del Club Leandro N. Alem.

Esa noche él (el cantante), ya llegaba con mal talante por cuestiones financieras que lo tenían contrariado. Para decirlo en criollo: estaba seco.

Pensando en engordar un poco su billetera, organizó un baile especial en el patio del club. Y así fue. Llegó en su bicicleta, tan preciada y tan querida, y la apoyó en un punto desde el que podía divisarla desde el escenario.

La noche comenzó, entre bailes, sonrisas y seguramente un  beso fugitivo de alguna parejita que aprovechó la penumbra del verdoso lugar.

Era verano y, obviamente,  hacía calor. Cumpliendo su tarea el hombre, llevó adelante y entonó grandes éxitos conocidos por todos. Pero en un momento todo cambió.

Entre canción y canción, se olvidó de levantar la mirada rumbo al lugar donde había dejado ubicado su vehículo. No sabe cuándo fue. No sabe cuándo pasó, pero lo cierto es que la bicicleta no estaba más.

¡Inconcebible! ¡Inimaginable la enorme traición!

Acompañada de bronca y de tristeza, la voz del artista se quebró y al grito de “paren todo”, la banda se detuvo y un silencio enorme se hizo dueño de la pista y de la noche entera.

-¡Encima que les cobro 5 pesos me chorean la bici!,  reclamó el artista.

Seguido a ello, bajó del escenario y se fue caminando con rabia en medio de la noche oscura.

Hubo estupor, bronca, sospechosos, sospechados, víctimas e inocentes. Lo hubo todo. Ahora, nos queda la anécdota.

 

Bibliografía: Villa Nueva, un pueblo con historia - Pablo Granados; Archivo El Diario. Fotografías: María Victoria Araujo, Roberto Zayas, Víctor Alvez, Archivo El Diario y Click Fotografía. Agradecimientos: Cristian Agosto, Mauricio Morales, Marcela Alamo, Olga Susana Coppari y Marcos Sánchez.  

 

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